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Incendios forestales: Biobío se prepara para una temporada con más vegetación y nuevos episodios de calor

por Jeremy Valenzuela Quiroz

Aunque durante la temporada 2025-2026 la provincia de Biobío registró una disminución del 31% en la ocurrencia de incendios forestales, la superficie afectada aumentó un 59%. Conaf advierte que las lluvias asociadas al fenómeno de El Niño podrían favorecer una mayor disponibilidad de vegetación para los meses de verano.

Incendios forestales: Biobío se prepara para una temporada con más vegetación y nuevos episodios de calor / La Tribuna

Aunque la provincia de Biobío registró un 31% menos de incendios forestales durante la última temporada, la superficie afectada aumentó un 59%. La aparente contradicción deja una primera señal de alerta de cara al próximo verano: una menor cantidad de siniestros no necesariamente significa que el impacto del fuego sea menor.

A ello se agrega un escenario climático que podría incrementar los riesgos. Las lluvias previstas para noviembre y diciembre asociadas al fenómeno de El Niño podrían favorecer el crecimiento de la vegetación y dejar una mayor cantidad de combustible disponible cuando lleguen los meses de mayores temperaturas.

Por eso, mientras el fuego todavía no aparece con fuerza en los bosques de la provincia, la preparación comenzó hace varios meses. Brigadistas, aeronaves, maquinaria y equipos de prevención forman parte de un despliegue destinado a enfrentar el período más complejo, cuando las altas temperaturas y el viento pueden cambiar rápidamente las condiciones de un incendio.

Ramón Vallejos, jefe provincial de la Corporación Nacional Forestal (Conaf) Biobío, explicó que las características de esta temporada podrían extender el período de riesgo.

"Vamos a tener un verano un poco más lluvioso durante los meses de noviembre y diciembre, pero eso conlleva que vamos a tener un verano más largo. La particularidad que tiene el fenómeno de El Niño es que vamos a tener mayores piques de calor y mayores temperaturas, y a la vez, con tanta lluvia, vamos a tener mayor cantidad de carga de combustible. Va a haber más vegetación y, cuando llegue la temporada de enero, febrero y marzo, ese combustible va a estar disponible para que se puedan ocasionar incendios forestales o de vegetación".

MENOS INCENDIOS, PERO MÁS SUPERFICIE AFECTADA

Durante el período 2025-2026, la provincia de Biobío registró 362 incendios forestales, una disminución del 31% respecto de la temporada anterior, cuando se contabilizaron 522 siniestros.

Sin embargo, la superficie afectada mostró la tendencia contraria. Los incendios dañaron 6.587,25 hectáreas, un 59% más que las 4.152,70 hectáreas alcanzadas por el fuego durante el período 2024-2025.

Las cifras evidencian que una menor ocurrencia no necesariamente se traduce en una temporada menos dañina. Un solo incendio de gran magnitud puede modificar considerablemente el balance provincial.

Así ocurrió durante el último período con el incendio registrado en el sector de Chillico, en Laja, que por sí solo aportó cerca de 4.000 hectáreas a la superficie provincial afectada, según explicó Vallejos.

La realidad, sin embargo, no es homogénea en todo el territorio. Hay comunas donde el principal problema no está necesariamente en la extensión alcanzada por las llamas, sino en la frecuencia con que se producen los incendios.

Los Ángeles aparece como uno de los principales puntos de preocupación. Sectores como Villa Génesis y Las Tranqueras concentran históricamente una alta ocurrencia de siniestros. La extensión territorial de la comuna y la presencia de sectores rurales y loteos hacen que el trabajo preventivo adquiera especial relevancia.

"Los Ángeles es una de las comunas con mayor cantidad de incendios. Todos los años se registran entre 120 y 150 incendios. A pesar de que no ha tenido tanta superficie quemada, sí es la comuna que presenta una mayor recurrencia", señaló Vallejos.

EL ORIGEN DE LOS INCENDIOS

La prevención apunta especialmente a las actividades cotidianas realizadas en zonas rurales y sectores de interfaz. Quemas, trabajos con herramientas que generan chispas, soldaduras, limpieza de terrenos e incluso asados pueden convertirse en el punto de partida de un incendio cuando coinciden con condiciones meteorológicas adversas.

Según Vallejos, la unidad de determinación de causas de Conaf ha detectado un aumento de incendios asociados a negligencias, entre ellas quemas de basura y trabajos realizados sin las medidas de resguardo necesarias.

"Hemos tenido un aumento en la negligencia. Hay personas que están quemando basura, haciendo trabajos con herramientas que generan chispas o realizando actividades en sectores de loteos. Con las condiciones de calor extremo y fuertes vientos, una chispa puede terminar generando un incendio forestal".

Aunque la acción humana explica la gran mayoría de los siniestros, la realidad de las comunas cordilleranas presenta una particularidad.

Conaf informó a La Tribuna que durante 2026 los rayos asociados a tormentas eléctricas originaron seis de los siete incendios forestales registrados en Antuco y uno de los seis ocurridos en Alto Biobío.

El combate se vuelve todavía más complejo cuando el fuego comienza en sectores alejados o de difícil acceso. En la provincia existen zonas donde el ingreso de los equipos terrestres puede tomar más tiempo, mientras que la vegetación y las pendientes aumentan las dificultades para controlar las llamas.

LA PREVENCIÓN DURANTE TODO EL AÑO

En este contexto, la estrategia de Conaf no se limita a disponer de brigadas cuando se declara un incendio. Durante todo el año se trabaja con comunidades de las 14 comunas de la provincia ubicadas en sectores de mayor vulnerabilidad por sus condiciones geográficas.

Actualmente, la provincia cuenta con 92 comunidades preparadas, donde se desarrollan talleres destinados a que los vecinos puedan identificar riesgos y mejorar las condiciones de seguridad alrededor de sus viviendas.

"Trabajamos con la gente el concepto de casa fortalecida. En sectores donde tenemos mayor vulnerabilidad y mayor ocurrencia de incendios forestales hacemos talleres de preparación, revisamos los riesgos que existen alrededor de las viviendas y trabajamos la autoprotección de la comunidad".

El objetivo es que los propios habitantes puedan reducir el combustible disponible alrededor de sus casas antes de que comience el período crítico. Una medida aparentemente simple, como mantener el pasto corto y retirar material vegetal cercano a una vivienda, puede resultar determinante frente al avance de las llamas.

"Un pasto de un metro o un metro y medio es completamente distinto a tenerlo de diez centímetros. El pasto se va a quemar, pero si está bajo se quema rápidamente y no necesariamente va a alcanzar una casa. En cambio, si la gente no se autoprotege y no elimina el material vegetal que tiene al lado de su vivienda, las casas también se pueden quemar".

UNA PROVINCIA QUE SE PREPARA PARA EL PERÍODO CRÍTICO

Mientras la prevención busca reducir la ocurrencia, el segundo frente está en disponer de capacidad suficiente para responder cuando el fuego aparece.

El proceso de reclutamiento para esta temporada comenzó en agosto. Conaf informó que contempla la contratación de 191 brigadistas de jornales transitorios, distribuidos en distintos cargos, entre ellos jefes de brigada, jefes de cuadrilla, operadores de motosierra, operadores de motobomba y brigadistas forestales.

La estructura provincial considera brigadas helitransportadas, mecanizadas y terrestres, además de camiones cisterna.

A ello se suma la operatividad de la Base Aérea de Duqueco y el aeródromo María Dolores, donde se mantendrán disponibles helicópteros y aeronaves para apoyar el combate de incendios forestales.

Entre los recursos se contemplan helicópteros semipesados con una capacidad aproximada de entre 4.000 y 4.500 litros mediante el sistema Bambi Bucket, especialmente útiles para atender emergencias en sectores cordilleranos.

También se incorporará un avión C-130 Hércules, con capacidad para transportar y lanzar hasta 15 mil litros de agua, que, de acuerdo con la información entregada por Conaf, tendrá como base de operaciones el aeródromo María Dolores.

Desde la corporación advierten, sin embargo, que disponer de aeronaves no significa que un incendio pueda resolverse únicamente desde el aire. El trabajo terrestre continúa siendo fundamental para controlar las emergencias.

"Los incendios no se apagan solamente con agua. Si no existe una línea de control que hacen manualmente las brigadas terrestres, el incendio no se considera contenido ni controlado. Las aeronaves son un apoyo para bajar la intensidad calórica y permitir que las brigadas puedan trabajar con mayor seguridad".

EL DESAFÍO DE EVITAR EL INCENDIO

Desde el sector forestal coinciden en que la discusión tampoco puede concentrarse exclusivamente en la cantidad de aviones, brigadistas o vehículos disponibles.

Ramón Figueroa, subgerente de Protección y Prevención de Incendios de Arauco y presidente del Departamento de Protección del Bosque de Corma, plantea que el principal indicador de éxito debería ser cuántos incendios se lograron evitar.

Según sostiene, cerca del 99,7% de los incendios tienen relación con la acción humana, ya sea por negligencia, accidente o intencionalidad.

"El éxito no es apagar más incendios, el éxito es evitar que esto ocurra. Prácticamente el 99,7% de los incendios dependen de la acción humana, ya sea negligencia, intencionalidad o accidente, y esta realidad nos obliga a cambiar el enfoque. Los incendios forestales o de vegetación no son desastres naturales en su origen y, por lo mismo, debemos abordarlos en su causa".

Para el representante de Corma, la experiencia internacional demuestra además que ningún sistema de combate dispone de recursos infinitos. Europa y Norteamérica han debido enfrentar grandes incendios durante el último año pese a contar con importantes cantidades de aeronaves y equipos.

El problema se agudiza cuando varios incendios de gran magnitud se producen simultáneamente y obligan a distribuir los recursos disponibles entre distintos puntos.

"Europa y Norteamérica han enfrentado este año incendios de gran magnitud, con millones de hectáreas afectadas, miles de personas evacuadas y enormes despliegues de medios terrestres y aéreos. Esto demuestra que ningún sistema de extinción es infinito y que, cuando existe simultaneidad de grandes incendios, los recursos disponibles pueden agotarse rápidamente".

LA PREVENCIÓN COMO PRIMERA LÍNEA

En Biobío, la estrategia para esta temporada pasa entonces por una combinación de factores: preparación de brigadas, disponibilidad de aeronaves y maquinaria, coordinación entre instituciones y, principalmente, prevención.

Conaf ya inició el reclutamiento y mantiene durante todo el año las actividades con las comunidades. También ha ejecutado obras preventivas, entre ellas más de 70 kilómetros de cortafuegos durante 2026, además de labores de despeje y mitigación en caminos.

Desde 2024, además, se encuentra vigente un sistema coordinado para enfrentar los incendios forestales mediante un comando unificado integrado por Conaf, Corma y Bomberos de Chile, organismos que articulan las acciones y definen la estrategia de respuesta frente a cada emergencia.

El objetivo es llegar a los meses más complejos con las condiciones lo más controladas posible, pero también con comunidades capaces de actuar preventivamente cuando la simultaneidad de incendios impida que los equipos puedan llegar inmediatamente a todos los sectores.

Ese es precisamente uno de los escenarios que más preocupa: que varios incendios se produzcan al mismo tiempo, bajo condiciones de fuertes vientos y altas temperaturas, obligando a priorizar territorios y distribuir los recursos.

"Siempre tratamos de estar lo mejor preparados, pero siempre dependemos de las condiciones. Los recursos son escasos, no son ilimitados. Cuando tenemos ocurrencia reiterada o varios incendios al mismo momento, no vamos a poder llegar inmediatamente a algunos sectores dependiendo de su lejanía. Por eso la comunidad también tiene que estar preparada y saber cómo autoprotegerse".

El calendario todavía entrega margen para reforzar esas medidas. Según Conaf, después de mediados de noviembre las condiciones comienzan a tornarse más complejas y diciembre marca el ingreso al período de mayor riesgo.

Las lluvias pueden aumentar la vegetación, las altas temperaturas incrementar la disponibilidad de ese combustible y el viento seguirá siendo uno de los factores más difíciles de controlar.

En ese escenario, el desafío de la provincia no estará solamente en disponer de capacidad para apagar rápidamente un incendio, sino en reducir las posibilidades de que este se origine y evitar que, cuando ocurra, encuentre comunidades y territorios vulnerables.

Como plantea Figueroa, el éxito de una temporada no debería medirse únicamente por cuántos incendios fueron controlados, sino por cuántos se lograron evitar.

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