Regístrate Regístrate en nuestro newsletter
Radio San Cristobal 97.5 FM San Cristobal
Diario Papel digital
La Tribuna

Avenida Ercilla: la historia detrás de su nombre y el accidente ferroviario de 1981

por Octavio Pérez

El eje urbano del centro de Los Ángeles es escenario de relatos históricos que van desde la colonia hasta un accidente que marcó la memoria ciudadana.

Desde la época colonial hasta los años ochenta, un mismo punto del centro de Los Ángeles ha reunido distintos episodios históricos de la ciudad. / La Tribuna

Caminar por el centro de Los Ángeles o desplazarse en vehículo implica, tarde o temprano, cruzar una de sus arterias más reconocidas. Pero ¿por qué la Avenida Ercilla lleva ese nombre? Más allá de ser una simple denominación en el mapa o una señalización vial, esta calle constituye un vínculo directo con la historia fundacional del territorio y con episodios que han contribuido a construir la identidad urbana, junto a anécdotas singulares de la ciudad.

EL POETA DE LA ESPADA Y SU ÉPICA EN EL BIOBÍO

El nombre de la avenida rinde homenaje a Alonso de Ercilla y Zúñiga, poeta y soldado español nacido en Madrid en 1533. Con una sólida formación renacentista, Ercilla arribó a Chile en 1557 junto al gobernador García Hurtado de Mendoza y se convirtió en testigo directo de la Guerra de Arauco, el cruento conflicto entre el Imperio español y el pueblo mapuche que tuvo a la actual provincia de Biobío como escenario y frontera principal.

En medio de estas penosas campañas, Ercilla comenzó a escribir La Araucana, registrando las crónicas del día a día en cortezas de árbol y pedazos de cuero.

El título de esta obra —considerada un hito por presentar un protagonista colectivo (el pueblo español y el pueblo mapuche en combate), en lugar de un héroe individual— esconde un relato de supervivencia. Se cuenta que, tras un altercado en La Imperial por el cual Ercilla fue condenado a muerte, nobles locales acudieron a una doncella mapuche para que intercediera ante el gobernador. La joven logró obtener el perdón para el poeta, quien, en honor a ella, habría bautizado su obra en forma femenina. Así, la avenida angelina recuerda al "primer poeta joven de Chile" y reconoce el valor del territorio y la gente que inspiró su pluma.

LA MAÑANA EN QUE LLOVIÓ REMOLACHA

Sin embargo, la Avenida Ercilla (antiguamente catalogada como calle) es también protagonista de uno de los hitos ferroviarios más insólitos de la historia local. La fría y brumosa madrugada del 24 de junio de 1981, un tren irrumpió abruptamente en la tranquilidad de la calle. Cerca de las 07:50 horas, una locomotora diésel que había salido de Metrenco arrastrando nueve carros con 360 toneladas de remolacha hacia la planta refinadora CRAV, no logró frenar a tiempo al ingresar al recinto Estación de Los Ángeles.

Convertida en un gigante desbocado, la máquina derribó los pilares de contención, superó un promontorio de tierra y destruyó el muro exterior de ladrillos, terminando incrustada en plena calle Ercilla con su trompa apuntando hacia el cielo. De manera milagrosa, no había peatones circulando en ese preciso instante, lo que evitó una tragedia de proporciones; los tres ocupantes de la máquina resultaron solo con heridas leves. Durante días, cientos de angelinos peregrinaron fascinados a la avenida para ver "el espectáculo", mientras que entre las razones de la falla —se barajaron distintas causas. Desde la espesa niebla hasta un error humano— quedaron como un misterio insondable resguardado por los sumarios de la época.

LA AVENIDA EN LA ACTUALIDAD: PULSO INAGOTABLE

Hoy en día, la Avenida Ercilla se levanta como un eje dinámico y vital. Atrás quedaron las batallas de la conquista y los estruendos ferroviarios para dar paso a una vía de alto flujo que conecta sectores residenciales tradicionales con áreas de creciente desarrollo comercial e inmobiliario. Las huellas del muro derrumbado en los 80 han sido reemplazadas por la urbanización y el tránsito cotidiano. No obstante, su nombre sigue intacto, recordando a cada transeúnte que bajo el asfalto de esta ciudad late al mismo tiempo la pluma de un cronista del siglo XVI y el asombro de un tren que, por un instante, pareció querer circular por la calle.

banner redes
banner redes banner redes banner redes banner redes banner redes

¿Quieres contactarnos? Escríbenos a [email protected]

Contáctanos
EN VIVO

Más visto