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Columnistas

El valor de la educación

Alejandro Mege


 Por Alejandro Mege

ALEJANDRO-MEGE

“Somos lo que la educación hace de nosotros”           

Francisco Mora, doctor en neurociencia

Los resultados de la  Prueba de Transición Universitaria (PTU) en reemplazo de la PSU que, por la irregularidad del proceso educativo 2020, condicionado por los efectos del covid-19, y que fue reducida y adecuada a la contingencia sanitaria con el fin de contribuir para que la brecha educativa entre la educación privada y la pública disminuyera y los estudiantes de la educación pública tuvieran mayores opciones de acercar las históricas diferencias en los resultados entre uno y otro sector y acceder a la educación superior. Sin bien la brecha se redujo levemente los expertos consideran que los resultados de la PTU no son comparables con la PSU. Lo cierto es que de los 100 colegios con los más altos puntajes 96 de ellos fueron obtenidos por colegios particulares, 2 por colegios subvencionados y 2 municipales, siendo los factores socioeconómicos y culturales de los estudiantes los que más inciden en el rendimiento escolar, a lo que se suma el limitado acceso a la educación telemática que tuvieron la mayoría de ellos y, en el caso de los establecimientos emblemáticos como el Instituto Nacional, cuna de donde han egresado destacadas personalidades del mundo profesional, económico y político, que ha bajado notoriamente sus rendimientos académicos, se les suma la irregularidad de su funcionamiento y la violencia que se vive en sus aulas que lo hicieron descender de los primeros lugares del ranking de rendimiento académico al lugar 99 en el año 2019 y al lugar 144 el año 2020 y que, a diferencia de lo que ocurría en años pasados cuando para 700 cupos postulaban más de 3.000 estudiantes, este año no llenó todas las vacantes.

 Sin embargo, el  problema de los bajos resultados que obtienen los alumnos en nuestro sistema educativo no está en la forma como se miden los conocimientos alcanzados de manera estandarizada (sistema que, sin duda, debe revisarse)  sino principalmente por la forma como se imparte y se recibe la educación, se transfieren los conocimientos y  se adquieren destrezas y habilidades intelectuales, actitudes y valores, en un ambiente de socialización compartida, con condiciones ambientales y de trato adecuado, donde prime un sentido de acogida y pertenencia sin distinciones de ningún tipo, habida consideración de las condiciones  físicas, culturales y  emocionales de los alumnos, para enfrentar con posibilidades de éxito el proceso aprendizaje-enseñanza. No menor  es el hecho que los actores sociales, que diseñan las políticas y toman las decisiones, aun sabiendo cuales son las causas y cuales las soluciones para mejorar la educación –como lo demuestran y proponen numerosas investigaciones y estudios- más allá del discurso que se transmite, moviéndose en el limitado horizonte de sus propios tiempos e intereses, no  han asumido plena conciencia del inmenso valor formador y transformador que tiene la educación  para construir el futuro de la sociedad  para lo cual es necesario disminuir desigualdades, contar  con mayor justicia social  e igualdad de oportunidades.

En este escenario, la tarea del profesor puede marcar la diferencia entre la educación que tenemos y la que podemos tener por su capacidad de transformar el mensaje educativo en un mensaje emocional de humanidad y de tender puentes para salvar las dificultades por las que atraviesa el proceso educativo por la pandemia que nos agobia por saber, mejor que nadie, que la educación presencial es el medio más adecuado de aprendizaje y socialización. Si bien la tecnología es importante en el proceso educativo, la figura presente del profesor es la “joya de la corona”, como lo afirma  el autor del epígrafe para quien, la transferencia de conocimientos es un mensaje emocional capaz de romper el discurso educativo tradicional, haciendo atractivo e interesante lo que enseña para motivar el aprendizaje de los alumnos porque conoce como se produce el proceso de aprender y lograr así que la brecha de los resultados académicos empiece a cerrarse.

Especial Coronavirus

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