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La Tribuna

Cómo evitar los efectos del cambio de hora que ya rige en Chile

por Nicolás M.

A pesar de la visión crítica que sostienen algunos expertos el cambio horario sigue siendo implementado dentro del país, por lo mismo, se hace el llamado a tomar ciertos resguardos que eviten consecuencias negativas.

Contexto / Freepik

Este lunes el reloj entregó una hora más de descanso, y es que el conocido ‘horario de invierno’ comenzó a regir este fin de semana último para gran parte del territorio chileno. Una medida que facilita mañanas con mayor iluminación y, por el contrario, tardes con menos sol.

Si bien en ediciones anteriores de diario La Tribuna el investigador en el área de sueño y ritmos circadianos, Mario Henríquez-Beltrán, señaló en forma clara que "el cambio de hora tiene que ser abolido", manteniendo vigente solo el ‘horario de invierno’, la realidad es que este cambio constante sigue vigente y trayendo consigo algunas repercusiones en las personas.

CONSECUENCIAS DEL CAMBIO

De acuerdo con la Dra. Larisa Fabres, neuróloga del Programa de Medicina del Sueño de Clínica Universidad de los Andes, "las molestias pueden ser menores como cansancio, menos energía, algunos malestares gastrointestinales e incluso sentirse malhumorado o deprimido. Afortunadamente, nuestro organismo tiende a recuperarse con el tiempo y en unos tres a cuatro días estaremos regulados nuevamente".

Lo anterior, plantea la especialista, guarda relación con el hecho de que este cambio horario genera un pequeño desajuste entre las señales externas, luz solar o temperatura, y las internas, ritmos circadianos que son controlados por el reloj biológico interno. Esto puede llegar a influir negativamente en el estado de ánimo y humor.

"Quienes más pueden verse afectados por este cambio son personas que sufren enfermedades como epilepsia, migraña o deterioro cognitivo. También, adultos mayores o lactantes, quienes pueden notar con mayor intensidad efectos como somnolencia, cansancio, irritabilidad, estado de ánimo deprimido, nerviosismo, cefalea y dificultades para mantener la atención y la concentración", asevera la Dra. Fabres.

ORIGEN DE LA MEDIDA

Corría el año 1968, cuando el entonces Presidente de Chile Eduardo Frei Montalva decidió implantar el huso horario de UTC-4 a UTC-3 (horario de verano) para afrontar el riesgo de desabastecimiento eléctrico en las ciudades, a raíz de la severa sequía que afectaba a las principales centrales eléctricas de aquel año. La idea era optimizar el uso de la luz del sol y disminuir los requerimientos de energía.

Sin embargo, en la actualidad los expertos son conscientes de que esta realidad ha cambiado. "Los argumentos que han dado para este cambio son logísticos y económicos centrados en el consumo de luz, no obstante, la evidencia da cuenta que el impacto en el ahorro no es tal. Contrario al impacto en la salud, que es de total relevancia", planteó en su momento el investigador Mario Henríquez-Beltrán.

Desde un punto de vista práctico, cambiar de manera brusca la rutina de sueño y de actividades a las que el organismo está acostumbrado, entre ellos, horarios de actividad deportiva, comidas y consumo de medicamentos, puede provocar molestias en niños y adultos. Por lo mismo, mientras siga rigiendo este cambio rotativo, solo queda tomar medidas que permitan afrontar la variación de una mejor manera.

Recomendaciones del Doc:

1. Realizar cambios graduales y progresivos de 10 minutos en el mismo sentido del cambio de horario.

2. Reducir el uso de dispositivos electrónicos, ya que pueden alterar las pautas de sueño.

3. Evitar dormir una siesta en la tarde tras cambiar la hora y hasta que el organismo se adapte.

4. Rechazar el consumo de bebidas que tengan efectos sobre el sueño, como café, té, alcohol, bebidas o energéticas, especialmente durante la tarde.

5. No caer en la automedicación para dormir, ya que los efectos del cambio de hora sobre el sueño deberían desaparecer a los tres a cuatro días.

6. Mantener una exposición regular a la luz solar, durante una o dos horas, para ayudar a sincronizar los ritmos desestabilizados.

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