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“El Bananero”: la tradición del almacén de barrio

Ese local no solo fue un lugar de compras para los vecinos, sino que un punto de referencia obligado a todos quienes viven en el entorno o estudiaron en las cercanías.


 Por Juvenal Rivera

El bananero, Los Angeles (1)

Podrán pasar los años, podrán cambiar los arrendatarios, podrá cambiar el tipo de letra o el color de fondo. Sin embargo, lo que nunca cambiará en la esquina de nororiente de las calles Darío Barrueto con Juan Antonio Coloma, es el recuerdo del nombre que tuvo ese almacén que se ha quedado en la memoria colectiva de los angelinos: “El Bananero”.

Porque ese negocio de barrio, dedicado desde siempre por la venta de frutas y verduras de la estación, además de dulces y golosinas, fue una parte del inventario de los residentes de la población José Manso de Velasco (ahora se le diría villa o condominio pero en ese tiempo se les denominaba simplemente como poblaciones).

También fue bastante famoso entre los estudiantes universitarios o de los recintos de enseñanza media cercanos que solían iniciarse en el acto de fumar y pasaban a comprar cigarros sueltos.

A pasos de la plaza España, El Bananero estuvo situado en el sector oriente del radio céntrico de la ciudad, por la misma calle del campus Los Ángeles de la Universidad de Concepción. Pero no solo fue un lugar de compras para los vecinos, sino que un punto de referencia obligado a todos quienes viven en el entorno o estudiaron en la sede. Para comprar el pan con mortadela, el Súper Ocho o el cigarro suelto.

Su origen está indisolublemente ligado a la fundación de la población José Manso de Velasco, que fue entregada a sus propietarios en 1954. Después, con la construcción de la población Banco del Estado que se levantó a principio de los años 60, sería una suerte de frontera entre ambos conjuntos residenciales.

Justamente la vivienda de El Bananero y la de la casa que está en la esquina sur fueron diseñadas para que ese nuevo grupo habitacional tuviera almacenes. De ahí que ambas edificaciones sean distintas en la planta baja respecto de las restantes viviendas.

Se estima que a poco de entregarse la población, comenzó a funcionar el primer almacén que también fue usado como kiosco de diarios. Sin embargo, el porqué de su nombre quedará en la incógnita.

De hecho, hay registros en el diario La Tribuna de 1958 que informaban que en ese punto se comercializaban los ejemplares de nuestro medio escrito.

Entre sus arrendatarios más reconocidos, estuvieron José Egea y Pedro Caparróz, ambos oriundos de España y que se hicieron famosos por defender la camiseta de club de deportes Los Ángeles, antecesor de Deportes Iberia de Biobío. Ambos fueron figuras icónicas del balompié local en aquellos años.

En el tiempo en que se inició El Bananero, la población en el área urbana de nuestra capital provincial apenas se empinaba sobre los 34 mil habitantes. No existía tampoco la sede local Universidad de Concepción ni tampoco la población Banco del Estado, que está situada más hacia el poniente, por la calle Juan Antonio Coloma.

Ni siquiera la avenida Alemania tenía ese nombre. Se le conocía como avenida Humán, nombre que fue cambiado a fines de la década del 50 como una manera de homenajear a aquellos los colonizadores alemanes y suizos que 100 años antes llegaron a Los Ángeles.

Como si fuera poco, la calle Balmaceda existía como una vía de tierra, en malas condiciones y sin casas en su entorno. De hecho, se le conocía como la Calle Ancha o “Callancha”. Más hacia el oriente solo habían amplios potreros.

Sin duda que ese vecindario ha cambiado y muchísimo. Sin embargo, pese a los distintos arrendatarios y al paso inexorable del tiempo, el local existiendo en la actualidad aunque con un pequeño matiz que mantiene el espíritu de aquel nombre que lo hizo entrañable: se llama “Delicias del Bananero”.

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