Opinión

Singapur y Cuba

MARIO RIOS (10),
MARIO RIOS (10) / FUENTE:

Es verdad, ambos estados iniciaron una nueva vida. Ambos están en el hemisferio norte, ambos con vegetaciones tropicales, ambos dejaron atrás tiempos difíciles en lo político. Pero había una diferencia. Uno era comunista. El otro, no. Esta diferencia marcaría la derrota frente al triunfo. Uno, el comunista, sumiría a su país en la más profunda crisis humana, un país entero recluido bajo el mando de una familia, los Castro, Fidel y Raúl. El otro, conquistando el mundo.

Hoy, medido económicamente, Cuba tiene un per cápita que no llega a los US$ 4.000, y Singapur está en los US$ 97.000.

Conocí Singapur, acompañando al Presidente Ricardo Lagos. Su puerto es el más moderno del mundo. Desde sus sitios de atraque, se reparten millones de toneladas de carga a todo el mundo, proveniente también de todo el mundo. Al frente de ellos, tiene el Océano Pacífico. Los cubanos tienen a Estados Unidos y el Atlántico. En Singapur, los aviones que arriban de otras naciones comunican a sus pasajeros que, "quien sea portador de droga psicotrópica podrá observar que están ubicados en los accesos del aeropuerto, privadamente, canastillos para que no la ingrese a Singapur. Aquellos que ingresan droga para su comercialización serán condenados a muerte". Así de simple. En Cuba, durante años se ha enrostrado a los Castro la presencia masiva de droga camino a Estados Unidos, Canadá y los países occidentales de Europa. Hay decenas de historias dramáticas en que cubanos diversos fueron sentenciados a prisión por ser partícipes del tráfico de estupefacientes.

En suma, ambas naciones con el mismo número de años, diferentes y sin ninguna posibilidad de ser iguales en el desarrollo, salvo que se elimine, como creo que así será prontamente, todo vestigio de comunismo. 

Es evidente que se manifiesta en América, continente tan dado a ser conejillo de indias en tantas operaciones políticas, un cambio en los futuros gobiernos. Pareciera que, en esta experiencia americana, se cambian los gobiernos fracasados por gobiernos respaldados por partidos de orden y progreso, estos últimos con una fuerte disposición hacia el apoyo "naturalista", removiendo, de esta forma, todo contacto con el comunismo, cuyo fin se manifiesta a poca distancia.

Y es así, porque los gobiernos de orden tienen mucho que decir y hacer. Los "zurdos" guardan dramáticos silencios en debates importantes que se expresan en aprobaciones parlamentarias. Lo mismo ocurre en debates de la televisión. En estos últimos, es francamente vergonzosa la actitud que asumen los(as) polemistas de izquierda, los cuales, últimamente, responden con expresiones "de la galería": sinvergüenza, estúpido, mentiroso, y otras tantas expresiones cuyo destino es el desprestigio político, que en estos días llega a niveles cuya bajeza y actitud solo es posible entenderlas si, definitivamente, se ha escogido la ordinariez y el odio como estado natural del pueblo que ellos mismos pretenden influir.

El Gobierno actual enfrenta la inseguridad social. También la cesantía. En ambos hay personeros externos. En la inseguridad, las mafias, "crimen organizado" le llaman, y en la cesantía, la migración de dos millones de extranjeros en los últimos diez años, y muy especialmente en aquellos gobiernos que encabezaron Piñera y Bachelet. Dura tarea para todos, Ejecutivo, Legislativo y Judicial. En suma, el gobierno pleno. Hay prudencia en cada uno de ellos, no. Ese es un problema. Los diputados están de reporteros. Mala cosa.

Mario Ríos Santander

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