Opinión

El talento como infraestructura: De Euskadi a Biobío

Rector Universidad Santo Tomás
Región del Biobío

Roger Sepúlveda, rector UST,
Roger Sepúlveda, rector UST / FUENTE:

Hay una pregunta ineludible para los territorios industriales: ¿qué hacer cuando el modelo productivo que les dio identidad y empleo entra en crisis? La Región del Biobío conoce bien esta encrucijada, y es precisamente ahora cuando conviene observar a quienes ya transitaron y superaron esa misma ruta.

El País Vasco (Euskadi) es el mejor ejemplo. Con apenas 2,2 millones de habitantes, transformó una profunda crisis siderúrgica y naval en una de las economías más competitivas de Europa. Hoy, su industria representa cerca del 22% de su PIB, su productividad supera el promedio europeo y destina un envidiable 1,85% a investigación y desarrollo. Este "milagro" no se sostuvo únicamente en el atractivo cultural del museo Guggenheim, sino en una apuesta estructural por el conocimiento aplicado y por una formación profesional de excelencia, íntimamente articulada con la industria. El resultado es decidor: hoy el 90% de los empleadores vascos que participan en formación dual declaran su total disposición a contratar a estos egresados.

Aquí cobran sentido las palabras de Michael Porter en la ventaja competitiva de las naciones. El académico sostiene que, en las economías avanzadas, los factores decisivos de producción no se heredan, se crean; y el más importante de ellos es el recurso humano calificado. Lo crucial, advierte Porter, es la velocidad con la que un territorio genera y despliega dichos talentos. El Biobío no es pobre en estos recursos, pues concentra cerca del 11% de la matrícula nacional de educación superior. Lo que verdaderamente está en juego es nuestra capacidad de articular ese capital con la industria, al ritmo que la urgencia económica nos exige.

Cabe hacer una precisión fundamental. El capital humano avanzado que forman los programas de doctorado es estratégico e irrenunciable: genera ciencia y eleva la sofisticación productiva. Sin embargo, su impacto real madura en horizontes de diez o quince años, y el Biobío no dispone de ese tiempo. La urgencia laboral de nuestra región exige soluciones con un retorno mucho más rápido. Es ahí donde la formación técnica, cuando dialoga de frente con la empresa, se convierte en el instrumento de reactivación más potente.

Y esto no es teoría. Una reciente experiencia piloto desarrollada por centros de formación técnica en el Biobío y basada en la metodología vasca demostró que desde las aulas los estudiantes pueden generar soluciones concretas.  En Santo Tomás Los Ángeles, por ejemplo, el II año de Técnico en Construcciones Civiles del CFT recibió el desafío de resolver de la mejor manera posible el problema de la aislación de una vivienda. Utilizando la metodología ETHAZI, analizaron las distintas variables y propusieron el revestimiento de muros interiores en zona seca en madera, considerando las ventajas comparativas de nuestra región. El proyecto, denominado "Del Aula al Terreno" fue presentado en el Encuentro Nacional de la Productividad en la Construcción (ENAPROD 2026) y seleccionado como caso de éxito.

El modelo a seguir existe y tiene nombre: en Euskadi, centros como TKNIKA actúan como motores de "transferencia capilar de conocimiento" hacia las pymes, mientras que metodologías como ETHAZI organizan el aprendizaje en torno a la resolución de desafíos prácticos.

Aunque nuestro contexto local fue experimental y acotado, el impacto de escalar iniciativas de este tipo es sumamente auspicioso. ¿La razón? Convierte al estudiante en un agente de innovación mucho antes de titularse, y transforma a la empresa en coautora activa de su propia fuerza laboral. La reconversión de Bilbao tomó dos décadas porque comenzó tarde; pero el Biobío aún puede elegir comenzar a tiempo.

Roger Sepúlveda Carrasco

Rector Universidad Santo Tomás

Región del Biobío

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