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La Tribuna
Columnista

Elecciones y lecciones

Mario Ríos Santander

por Mario Ríos Santander

Un buen día del año 2000, nuestro vecino Fujimori resolvió concurrir a la reunión de gobernantes del Asia Pacífico y, al término de tal encuentro, instruyó al piloto a no volver a Lima, sino que, "aprovechando nuestra ubicación actual (hemisferio norte), lléveme a Japón", tierra de los padres del Presidente peruano. Meses después de tal hecho, en Santiago de Chile, en el Senado, recibía una delegación de parlamentarios peruanos que, por indicaciones del Presidente subrogante peruano, Valentín Paniagua, visitaban Chile para "informarse del único sistema electoral de nuestra América que nos merece seriedad". Dichos congresistas estaban avergonzados porque su presidente se había "mandado a cambiar", sin despedirse de nadie. Pero el asunto no era solamente la cuestión de la escapada de Fujimori, sino que también lo ocurrido con la ley electoral peruana que, a todas luces, no convencía a nadie. El Presidente Paniagua, que había asumido la administración de Perú, insistía con esto de que "Chile sabe hacer bien las cosas", y por ello conversaban con el presidente del Senado (estaba en dichas funciones por ausencia del titular, Andrés Zaldívar), a fin de que este personero les diera una suerte de conferencia del sistema electoral chileno. Vista así las cosas, debía entregar una visión completa del sistema electoral de nuestro país.

Fue en ese instante que me di cuenta de que, debido a la perfección que efectivamente ha tenido el sistema electoral chileno desde el año 1926, desde que se implantó el sistema D'Hondt, y a su vez se conformó el Tricel (Tribunal Calificador de Elecciones), debido a ello, nunca me había preocupado de los detalles del sistema y debía confesar, muy avergonzadamente, que no les sería útil. "Lo único que sabemos de esto electoral es que un día determinado debemos ir a votar. Nos señalan el lugar, número de mesa, ahí nos encontramos con unos personeros(as), con cara de lata, que entregan las cédulas y un lápiz, votamos y nos vamos. Tipo 19 horas comenzamos a conocer los resultados y, por la hora de comida, 21 horas, ya tenemos todos los resultados y se terminaron las dudas porque a partir de esa información, solo conocemos certezas. Nadie alega". Luego les señalé que lo mejor era visitar el Servel, Servicio Electoral, y que le entregaran toda la información porque "en verdad, yo llego hasta aquí. Todo el resto, como se informan, el asunto de las urnas, transporte de material electoral, etc., lo conoce quien organiza todo esto y ese es el Servel", terminé muy satisfecho de todas las novedades entregadas a estos congresistas peruanos que, naturalmente, así me pareció ver en sus rostros, no quedaron conformes para nada. Luego, me pidieron la dirección del Servel y, para espanto mío, me di cuenta de que nunca había averiguado por esas oficinas. Llamé a mi secretaria y tampoco sabía nada. Comenzamos a buscar la dirección y los peruanos miraban todo esto confundidos, hasta que uno de ellos dijo: "Esta es la mejor demostración de que lo electoral funciona muy bien y su servicio es absolutamente autónomo. Que el presidente del Senado no sepa dónde se encuentra habla muy bien del servicio público chileno". Se despidieron, entre admiración y risas. Años después, la Corte Suprema me nombraba ministro del Tricel. Ahí supe la dirección del Servel.

Mario Ríos Santander   

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