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Columnista

¿Es más letal que antes el hantavirus?

Dra. Carolina Otero

Inmunóloga y académica Escuela de Química y Farmacia UNAB

por Dra. Carolina Otero

El aumento reciente de la letalidad del hantavirus en Chile no se explica por una mayor agresividad biológica del virus ni porque la cepa Andes sea hoy más virulenta, pese a la atención que ha generado tras el hallazgo en el crucero. El problema sigue estando en fallas humanas y estructurales que se repiten. La principal es el diagnóstico tardío. En su fase inicial, el cuadro se parece demasiado a una gripe común: fiebre, dolores musculares, cefalea y malestar general. Muchos pacientes consultan recién cuando aparece la dificultad respiratoria, momento en que el daño pulmonar ya es severo y las opciones terapéuticas se reducen dramáticamente.

A esto se suma una mayor circulación ambiental del virus. El cambio climático ha modificado ecosistemas rurales y silvestres, favoreciendo la presencia del ratón colilargo y una mayor exposición a sus secreciones. El riesgo sigue siendo estacional, pero parece haberse vuelto más persistente en algunas zonas. Tras la pandemia, además, se instaló una inercia peligrosa en la atención de salud: todo cuadro febril tiende a interpretarse como COVID-19, influenza u otro virus respiratorio frecuente, retrasando la sospecha de hantavirus en lugares donde este diagnóstico debería estar siempre entre las primeras posibilidades clínicas.

El escenario se vuelve aún más delicado por una característica única de la cepa Andes, presente en Chile y Argentina: es la única variante de hantavirus en el mundo con transmisión comprobada de persona a persona. A diferencia de otras cepas, donde el contagio ocurre exclusivamente por contacto con roedores, un paciente infectado también puede transformarse en un foco de transmisión para su entorno cercano y para el personal de salud. Esto vuelve crítico el diagnóstico precoz. Cuando el cuadro se confunde con una gripe común y no se aplican medidas de aislamiento, no solo se pierden horas decisivas para el paciente, sino que también se facilita la circulación silenciosa del virus en espacios domésticos y urbanos.

La respuesta no pasa solo por campañas informativas generales. Se requiere vigilancia local reforzada, con equipos de salud rurales entrenados para mantener un alto índice de sospecha ante cualquier fiebre asociada a exposición ambiental. El traslado oportuno a centros especializados puede marcar la diferencia entre sobrevivir o no. En paralelo, el trabajo preventivo con trabajadores agrícolas y administradores de campings es ineludible: bodegas selladas, espacios bien ventilados y protocolos claros antes de limpiar o habilitar recintos.

El hantavirus avanza rápido. La transición desde síntomas inespecíficos a una falla pulmonar grave puede ocurrir en horas. Ante fiebre y antecedente de contacto rural en las últimas seis semanas, no hay margen para esperar. Actuar a tiempo sigue siendo la herramienta más eficaz para reducir muertes evitables.

Dra. Carolina Otero 

Inmunóloga y académica Escuela de Química y Farmacia UNAB

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