Opinión

Bernardo O'Higgins, el estrecho de Magallanes y el futuro de Chile

Instituto O'Higginiano de Los Ángeles

Garreton Luis,
Garreton Luis / FUENTE:

En la primera mitad del siglo XIX, el Océano Pacífico y sus bordes australes fueron espacios de creciente interés para las potencias marítimas. El Imperio británico, ya consolidado como la principal fuerza naval del mundo, desplegaba expediciones científicas en esas vastas regiones, con la presencia de Phillip Parker King y Robert Fitz Roy. Además, en 1833, habían ocupado las islas Falklands o Malvinas, evidenciando su voluntad de controlar el Atlántico sur. Al mismo tiempo, con la presencia de loberos y balleneros ingleses, norteamericanos, y franceses por los canales australes, se confirmaba que el estrecho de Magallanes era paso estratégico y eventualmente disputable, más aún, considerando que los europeos veían a la Patagonia y Tierra del Fuego, territorios sin dominio, luego de las independencias de España.

Frente a este escenario Chile estaba completamente desentendido, a lo menos hasta fines de la década de 1830.  La guerra contra la Confederación Perú-Boliviana absorbía recursos y la atención política, mientras que la frontera del Biobío mantenía al país fragmentado, y el archipiélago de Chiloé había sido recién incorporado a la república. Por lo tanto, las distancias, la falta de recursos, la desidia, y el desconocimiento de aquellas lejanas tierras, completaban un cuadro de oportunidad para las naciones expansionistas.

Es precisamente en este punto, donde emerge la figura de Bernardo O'Higgins. Desde su exilio en Lima, y luego de saber de la ocupación de los ingleses sobre las islas Malvinas, se comunicó de inmediato con las autoridades chilenas, sobre la necesidad de ocupar Tierra del Fuego y específicamente el estrecho de Magallanes. Elaboró un proyecto presupuestado, con la idea de colonizar esas tierras junto al uso de remolcadores a vapor, anticipándose a la nueva era de la navegación. El proyecto fue parte de una nutrida correspondencia con el entonces general Manuel Bulnes, el capitán John Smith y el ministro Ramón Irarrázaval. O’Higgins tuvo comprensión de esas tierras desde joven, cuando el barco que lo traía desde Europa encalló por 52 días en el Cabo de Hornos, en 1802, por lo tanto, era consciente de que el estrecho de Magallanes, en su condición de llave de ambos océanos, no podía permanecer en el abandono frente a la navegación extranjera.

La decisión final del gobierno de Bulnes fue bajo presiones. Por un lado, el avance tecnológico naval, por otro, la amenaza de ocupación extranjera, y la no menos importante persistencia de su amigo Bernardo O’Higgins. La expedición de la goleta Ancud y la fundación del "fuerte Bulnes" materializaron la soberanía, en 1843. Sin embargo, el episodio de la nave francesa "Phaeton", que arribó poco después de la toma del estrecho, confirmó el inminente riesgo de perder el dominio, bastaron días para que hubiese cambiado el destino territorial de Chile.

En perspectiva, la ocupación del Estrecho de Magallanes fue una jugada geopolítica maestra. Representó el paso desde un Estado aún concentrado en su consolidación interna, a uno capaz de expandirse sobre espacios remotos. En esa transición, la voz lejana de Bernardo O’Higgins, anticipó una de las decisiones más trascendentales de la historia de Chile y su prominente futuro, como ser la más importante plataforma bioceánica del sur global, en contraposición a la actual influencia de las potencias del norte.

Luis Garretón Munita

Instituto O’Higginiano de Los Ángeles

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