Opinión

Papa Francisco: un ejemplo, también, para la clase política

Administrador Público
Licenciado en Ciencias Políticas

Jorge Rivas Figueroa, Cedida
Jorge Rivas Figueroa / FUENTE: Cedida

La figura del Papa Francisco debe ser también vista desde el punto de vista de la política, no solo porque se trata de una de las figuras mundiales más importantes de lo que va del Siglo XXI, sino también porque la Iglesia ha sido importante en la historia de lo que se conoce como "El arte de gobernar". En el libro, la "Ciudad Antigua" del historiador francés, Fustel de Coulange se dan a conocer, entre otras cosas, las formaciones de las "ciudades estado" y cómo estas tenían una importante base religiosa, sobreviviendo hasta hoy la más conocida de todas, El Vaticano. En "El Príncipe" de Nicolás Maquiavelo, el florentino explica a su gobernante, Lorenzo de Médeci  que una de las formas de acceder al poder es por mandato divino, es decir, porque Dios así lo ha decidido. Solo con estos dos ejemplos básicos del pensamiento político, histórico y social de estos hombres, es imposible negar la importancia que ha tenido La Iglesia a lo largo de su existencia en lo que conocemos como "La política". Con esta claridad, la llegada de Jorge Mario Bergolio a la cabeza del Vaticano, tiene un hermoso (desde mi punto de vista) análisis político, porque la llegada de un Jesuita a la cabeza de La Iglesia es comparable con la llegada del verdadero pensamiento social, de esta, al poder. Tras 12 años al mando, el Papa Francisco acercó al catolicismo a "los nadie" de Galeano, logró el reconocimiento de las personas gay y obligó a los sacerdotes a bendecir las uniones entre personas del mismo sexo, pero también frenó la concentración de la riqueza, defendió a los inmigrantes y nunca olvidó sus orígenes en Argentina, reconociendo incluso que su amor incondicional a Dios estuvo precedido por el amor a una mujer. El Papa que hoy nos ha dejado para descansar antes del juicio final, que seguramente lo dejará sentado a la diestra del creador, también reformó la cúpula de La Iglesia al nombrar, en sus 12 años como líder de los católicos, a 108 de los 135 cardenales que deben elegir al nuevo Papa. Su "reforma" la podemos comparar a modo de ejercicio con cualquier parlamento del mundo (y las necesidades de volver al origen que nos motiva), pues este cambio gigante implicó que los hombres de la "gorra roja" sean más cercanos a su forma de ver la vida, pero también abrió el Colegio de Cardenales a más visiones NO europeas, es decir, volvió a abrir La Iglesia al mundo, partiendo de la base de una interpretación de La Biblia que le permitió ser consecuente con un evangelio que nos muestra al "Hijo de Dios" cercano a los débiles, los pobres, los reprimidos. Por eso era, es y seguirá siendo Jesuita. Tal como lo hizo El Papa Francisco, quienes somos actores relevantes en el mundo político no debemos olvidar nuestros orígenes, tampoco debemos olvidar las realidades territoriales y debemos trabajar por el bien común de quienes han depositado su futuro en nosotros. Trabajar por amor al prójimo, sin mostrar a la derecha lo que hace tu izquierda, privilegiando la igualdad y la entrega de herramientas para adquirir conocimiento y sabiduría, por sobre lo que ofrece el dinero, es lo que debe motivarnos. Llegar al poder para beneficiar a unos pocos en desmedro de la mayoría es lo que ha desprestigiado a los políticos y es lo que ha causado daño a "La Política". Seamos más como el Papa Francisco, a quien no le tembló la mano para frenar a personas cegadas por el poder y quien no titubeó en castigar a los que en nombre de Dios abusaron de otros, Francisco limpió el Vaticano y sus redes en el mundo, devolviendo el amor a Dios que se diluía ante la impunidad y privilegios de una Iglesia que él detestaba.

Jorge Rivas Figueroa

Administrador Público

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