Opinión

Atrapemos el agua

Ing. de ejecución Forestal

Mario Benavente, Cedida
Mario Benavente / FUENTE: Cedida

Principalmente por efectos del cambio climático, en Chile la disponibilidad de agua ha venido disminuyendo en forma exponencial, así lo demuestran las napas freáticas, ríos, esteros lagunas y lagos. De la totalidad del agua disponible del país, solo se aprovecha entre el 16% al 20% aproximadamente, en otras palabras, entre el 80% al 84% va a parar al mar.

Uno de los pueblos ancestrales más importantes del cono sur, sin embargo, hace a lo menos 500 años comprendió la importancia de aprovechar de manera inteligente este recurso limitado, con conocimientos acabados en ingeniería hidráulica. Me refiero al pueblo Inca, quienes mantenían una práctica que a través del tiempo se ha condensado en la frase "sembremos agua para cosechar agua", concepto que consiste en evitar que la totalidad de las aguas lluvias y del deshielo terminen en el mar, a través de depresiones y trabajos hidráulicos, que permitan la percolación de estas, a las napas subterráneas, elemento que es recuperado en las cotas inferiores en épocas de verano.

Chile ha implementado esto por medio de la construcción de zanjas de infiltración como táctica de captura de aguas lluvias y mitigación de perdida de suelo por erosión, pero me parece a un nivel reducido.  Cuestión que me lleva a plantear la factibilidad de ejecutar este método de captura en lugares críticos, principalmente pensado en medianos y pequeños agricultores, apoyados tal vez por algún subsidio y asesoría estatal.

Hoy se está hablando de construir una carretera hídrica, aumentar el número de embalses, desalinizar el agua del mar, etc., proyectos de alto costo.  Las zanjas de infiltración, es unas técnicas de manejo de aguas lluvias que consisten en elaborar pequeños surcos, construidos en forma perpendicular a la pendiente, de unos 40 cm de ancho por 50 cm de profundidad con un largo variable, dependiendo de la topografía, textura del suelo, porosidad, capacidad de infiltración, etc. De esta forma, el agua lluvia quedaría atrapada dentro de los canales e infiltraría en el suelo, generando una importante recuperación de este preciado elemento, sobre todo en épocas de verano.

Para clarificar lo expuesto, una lluvia de 50 mm, se traduce en 500.000 litros de agua por hectárea aproximadamente, si este simple cálculo se hace considerando la pluviometría anual en dicho sector, estaríamos hablando de millones de litros de agua, de los que, por medio de la técnica mencionada, un porcentaje no menor, nos permitiría un verdadero aprovechamiento de este recurso.

Sin duda, reconozco no ser un experto en esta materia en particular, sin embargo, cada vez se hace más importante plantear otras alternativas tendientes a mitigar la crisis hídrica de la cual, por supuesto, todos somos y seremos víctimas. 

Mario Benavente Charlin

Ing. de ejecución Forestal                                                    

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