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Columnista

Conaf, homenaje y agradecimiento

Mario Ríos Santander

por Mario Ríos Santander

Todo lo que hay que hacer para evitar que los incendios forestales, pastos secos, matorrales o lo que sea en esta tierra bendita, se hicieron en 20 minutos o menos: Corta fuego, poda, despeje de arbustos, personal con moto sierras, palas llevando tierra, todo, no quedó nada fuera de esta faena dramática que se presenta cuando, se inició el fuego bajo un viento del sur que estos días no nos deja en paz. ¿Y antes ni siquiera corta fuego?   Con vergüenza respondo: No nada, antes nada. Después llegaron los carabineros, y no nos sacaron ningún parte. Nada. Conaf asumía todo, los brigadistas trabajaban inteligentemente, nosotros, apoyos menores. Frente a la magnificencia de un incendio que comienza devorar un bosque, lo que no hicimos antes, queda al descubierto.

Algo es distinto. Si un carabinero me detiene y comprueba que mis documentos no están al día, parte, Juzgado, juez siempre gordito que mira de lejos, un par de unidades tributarias a la tesorería municipal. Pero para el incendio, solo una declaración de presunciones: ¿Estimas que fue intencional?, ¿Hay seguros comprometidos?, ¿daño a las personas?, ¿alguna vivienda incendiada?.. Y otras cuestiones. ¿Habrá que revisar esto?

Dos días después, en el mismo barrio, un  nuevo incendio. Carreras, nuevamente palas, moto sierras, algunos aparatos caseros para ayudar. La diferencia que, en esta ocasión, si, supimos del autor del fuego. Un señor con tragos, alegando que se le había escapado el fuego. Botella a la vista, y algunas menestras para comer eran las causantes de este incendio forestal. Conaf, nuevamente. La misma camioneta el mismo señor dotado de casco, radio en mano, dando instrucciones y la aparición de los aviones de guerra al fuego. Los niños miran el cielo asombrado, se escuchan sirenas como en la segunda guerra mundial, susto, admiración y el líquido que cae justamente donde estaba previsto. El señor del casco y radio, mira tranquilo, no habla con nadie. Alguien se le acerca y le dice, “¿no será mejor que los aviones le echen agua primero a los árboles más grande?”, El señor del casco y radio lo mira desconfiado, “déjeme mí no más iñor”. El consultante se retira prudentemente. Las instrucciones se habían cumplido. Al cabo de una hora, el incendio está apagado. Lo que siguió después fue algo más local. Los vecinos quisieron hablar con el causante borracho, este, típico de los que están con alcohol en el cuerpo, “se puso choro”. Preguntaron por la señora y dijeron que no quería salir de la casa. Se calmó algo el ambiente.

Ahora Conaf. Claramente, sin Conaf, no hay solución alguna en un incendio forestal. Ninguna posibilidad de enfrentarlo tan rústicamente como en realidad lo podríamos hacer. Los aviones, son esenciales. Solo hay admiración y agradecimiento de todos, vecinos agricultores del lugar, todos. A los bomberos de la ciudad les entregan medallas en el pecho, ¿con los de Conaf nada? ¿Y los pilotos con sus aguas y retardantes que se exponen en cada incendio tampoco?  No será oportuno que la Socabío, al menos un buen asado cuando llegan las primeras lluvias a brigadistas y pilotos y por cierto el personal de Conaf?  ¿Quién agradece aquí? Gracias Conaf, son un servicio admirable.

Mario Ríos Santander

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