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Opinión

Paz interior


 Por María Loreto Cruz Opazo
Vocera de Voces Católicas Teóloga Facultad de Teología PUC

Loreto Cruz

Buscar paz es un anhelo que hoy vemos lejano por las graves crisis ambientales y políticas tanto nacionales como internacionales y que afectan la salud mental de las personas. En este mundo tan revuelto, el anuncio del Evangelio se hace más necesario que nunca y tiene enorme sentido también pedir en este tiempo de Navidad los esperados regalos de ¡paz y amor!

Hace dos semanas nos abrimos al Adviento para experimentar la espera de la Navidad, y meditar de forma consciente el extraordinario acontecimiento del misterio de la Encarnación: Dios se hace hombre, nace como un niño de María, nuestra Madre. San Francisco de Asís comenzó el año 1220 la tradición de recrear el ‘pesebre’ para mirar la intención amorosa de Dios al venir a cambiar los criterios humanos como el de poder por el de servicio, la grandeza material por la pobreza, la competencia por la colaboración, la esclavitud por la libertad y fraternidad.

Así este tiempo es una invitación a vivir de modo más consciente la presencia divina y transformarlo en tiempo de paz. Si Dios está con nosotros, ¿quién puede estar contra nosotros?, como decía san Pablo. Pienso que no hay un pensamiento más esperanzador que ese, y que encienda más los corazones de valentía para enfrentar el ‘mal tiempo actual con buena cara’. Comparto algunas formas de sobrellevar la carga de fin de año:

1. Con más oración además de tener pensamientos positivos, para descansar en las manos de Dios.

2. Abrirse a la espiritualidad: no poner impedimentos al hambre de totalidad que tenemos. No conformarse con poco o con una cultura de muerte y culto a lo feo, porque estamos llamados a vivir en unidad, belleza, verdad y bondad; todo eso da mayor felicidad. Y esa cultura o modo de vivir la encontramos en el estilo de vida de Jesús.

3. Abandonar el activismo, el exceso de trabajo y el perfeccionismo. No se trata de ser mediocres, sino saber poner límites para no buscarnos a nosotros mismos en un ansia ególatra de perfección, es mejor centrarse en el servicio al otro más que en nosotros mismos.

4. Hacer silencio y ayuno: que junto con dar limosna son antiguos consejos evangélicos para poder discernir y escuchar las sugerencias del Espíritu Santo que nos habla de forma particular a nuestra conciencia. Significa entre otras cosas, no participar de conversaciones innecesarias, pensamientos tóxicos de ira, amargura, celos, envidia, venganza, etc. y reemplazarlos por un amor a Dios concreto, expresado en obras de caridad.

En el fondo, son formas simples de ponerse en las manos de Dios para escucharlo con humildad y encontrar serenidad en la actitud filial de la obediencia. Y en estas fiestas de fin de año para poder ser mensajeros de paz: “en cualquier casa que entréis, decid primero: Paz a esta casa” (Lc. 10, 5)

María Loreto Cruz Opazo

Vocera de Voces Católicas

Teóloga Facultad de Teología PUC


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