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Opinión

Algo de mapuche, algo de picunche


 Por Mario Ríos Santander

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De larga data es el debate entre la racionalidad y la naturaleza de las cosas. A veces, el excesivo racionalismo, que no es propio de la alta filosofía, permite dibujar sueños que a costa de ser hermosos, se multiplica la racionalidad con nuevos fundamentos hasta transformarse en una Demagogia.

Me hacía ver este amigo por qué se nos vienen encima los conflictos, quemazones, piedras, bombas, policías con escudos y cascos callejeros, el pueblo en la lucha. Le respondía que era interesante conocer a Costa Rica, país que no tiene violencia alguna y tampoco fuerzas armadas. Luego agregaba que siendo el ser humano una parte de la naturaleza, era indispensable conocer más las raíces y menos los sueños. Expresaba que no conocía el pueblo aborigen de ese territorio costarricense y también su historia como república o nación de los últimos dos siglos de vida. Se debía conocer porque seguramente no era una historia de guerras y por tanto, sus monumentos son de campesinos, familias, educadores, artistas y no de señores de la guerra. Las calles y plazas debían su nombre a una hermosa flor o al poema de aquel poeta que llevaba el alma de un amor perdido.

En Chile, a propósito de lo anterior, surgió la tesis de las “Fronteras Interiores”, denominación que vincula a naturales. Alguien, cansado de tanto conflicto en la Araucanía, se dedicó a mirar el Valle Central y descubrió en él una paz desconocida para este mundo de tanta convulsión. Escarbando la historia, llegó al parlamento Picunche-Español ocurrido en el 1543, en que loncos picuches y soldados españoles, conversan. “Nosotros hemos matados a muchos de los tuyos”, le dice Michimalonco a Valdivia. “Y tú has matado a muchos de los nuestros”, continúa, “Ahora queremos ayudarte y tú nos ayudes a nosotros”. Dice el cronista que Valdivia da su mano a cada uno de los loncos presentes y se sella la paz de un territorio que se extiende entre el río  Itata y el río Aconcagua.  Nacía el magnífico Valle Central. ¿Qué había ocurrido?   Surge una tesis. Tales naturales del lugar, tuvieron la dominación Inca y conocieron el cultivo, el trabajo de la tierra, semillas, otras formas de obtener el alimento y comercializar. Ellos mismos, a pesar de los afanes destructivos de Michimalonco, habían concluido que tales extranjeros tenían más conocimiento que ellos en muchas de las formas agrarias para la obtención del alimento y trabajos diversos propios de una sociedad bien constituida. Quien reemplaza a Valdivia después de su muerte, Francisco de Aguirre deja un listado de 56 hijos, “nacidos de naturales del lugar”.  Alguien dijo que se consolidaba la raza chilena surgida de picunches y españoles y no de mapuches con europeos. De esta forma, surge nuestra Costa Rica, un territorio de paz, laborioso, que se transforma en uno de los valles más destacados del mundo. Lo habían logrado en ese parlamento, picunches y españoles, fundiéndose en una sola voz y en una sola naturaleza. Esta realidad, concluye en un decir: “En el valle central no ha ocurrido nada”. Es cierto, pero lo que se evoca es un “Desastre en Rancagua” o la Batalla de Loncomilla. La paz no interesa: por lo demás no hay ningún monumento a La Paz, todos los que hay, evocan alguna batalla. ¿Quién levantará el primer monumento a la Paz para ubicarlo en el Valle Central?

Mario Ríos Santander


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