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Opinión

La lanita roja


 Por Luis Rozas Mardones, psicólogo.

Luis Rozas Mardones

El trabajo de psicólogo clínico, da muchas oportunidades…hoy tuve el privilegio de conocer a quien llamaré Héctor, un paciente adulto, con una enfermedad terminal, que llegó a la consulta, derivado como cuidado paliativo, acompañado de su esposa.
Notoriamente delgado, me relató su vida, me habló de su infancia, de su juventud, de su primer y único amor, de su trabajo, de sus sueños hasta que bajó la mirada y relató con ternura mil historias de sus hijos, ya adultos y con emoción hasta las lágrimas, de su nieto, de nueve meses de vida.
Lo escuché con atención y luego respirar profundo y de mirar hacia arriba, di las gracias por esta tremenda oportunidad de ayudar, con humildad y dedicación a una persona (como yo o como tú), que ha recorrido el duro camino, que lo dio todo y vive sus últimos momentos, luego de ser desahuciado por la medicina. Lo contemplo con respeto y siendo testigo privilegiado de sus ganas de vivir, ya que se le dio un año más de vida y contra todo pronóstico, ya va casi terminando el segundo, es así que ante tan magno ser humano, de una envergadura moral tan alta, para mí supone un desafío y honor ayudarlo, porque sé que lo necesita, viene por contención y un trato empático, por una palabra amable y por la orientación profesional que le permita, a pesar de todo, ver con optimismo ese futuro tan incierto.
Cuál es mi visión… hacerle ver la importancia de lo simple, el poder de los hechos y particularmente en su caso, agradecer esta tremenda posibilidad de decir “te amo” a sus seres queridos, de dejar un legado (no material) a todos los que lo quieren y particularmente la importancia de regalar amor, de los detalles hechos con sentido positivo y constructivo.
No lo pude evitar y, haciéndome parte, le mostré una sencilla pulsera roja, de esas como “lanita”, con escaso valor comercial….pero que fue regalada y anudada por mi hija. Este símbolo no vale su cuantía monetaria, sino la intención con la cual fue regalada y el esfuerzo con que fue anudada, nudo a nudo, con la total intención de proteger a su papá de todo mal. Tal vez a Héctor no le ocurrió esto, pero seguramente “alguien”, lo tiene en sus oraciones y rodeó con una lanita roja invisible su alma, para hacerla brillar y en los descuentos de la vida, permitirle cerrar el ciclo.
He reflexionado con la historia de Héctor, a quien desde allá arriba, le han dado la gran oportunidad de despedirse en amor, paz y armonía con sus seres queridos; he quedado maravillado con el amor incondicional de su esposa, que lo contempla toda la sesión y lo sigue con una dedicación que conmueve, hasta el más mínimo gesto, como bebiendo sorbo a sorbo, la dulzura de su presencia y legado, con una luz en sus ojos, que da esperanza de un nuevo mejor día, para mí ambos son un ejemplo de cohesión y de amor, de ese que es escaso en estos tiempos.
Por eso valoremos la vida, ésta no se acaba hasta que dejamos este mundo…tenemos la oportunidad de superarnos a nosotros mismos, de hacerlo mejor, de amar, de perdonar y de dejar un recuerdo difícil de olvidar…ese que tal vez Héctor no sabía que podía dejar, pero que hoy luego de entender que tiene consigo “esa lanita roja”, con la voz del psicólogo al frente y la mano de Dios moviendo los hilos, hizo posible en esta psicoterapia verlo renacer en la adversidad juntando su gran ejemplo y con el mío, darle verdadero valor a la vida, que fluye con fuerza, si somos capaces de verlo. ¡Que tengas un día maravilloso! Ama y nunca dejes de reír…siempre puede venir algo mejor.
Luis Rozas Mardones, psicólogo.

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