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Opinión

El desafío del retorno a la presencialidad en las aulas


 Por Marcela Mora Goth
Coordinadora Área Desarrollo Personal
CEADE UCSC

columna lunes

Los seres humanos tendemos a asociar el concepto “crisis” con algo negativo, que idealmente no quisiéramos experimentar. Sin embargo, es importante que podamos comprender que son parte de nuestra vida y del desarrollo de las personas. Son éstas las que nos permiten avanzar, aprender y reorganizarnos. Pues bien, la pandemia que enfrentamos hace dos años corresponde a una de estas temidas crisis.

Dentro de las problemáticas que han surgido durante este tiempo, resaltan las adaptaciones que han tenido que hacerse para lograr que los jóvenes pudiesen continuar con sus estudios, los que comenzaron a realizarse en un formato a distancia.

Nuestros estudiantes debieron cambiar sus hábitos, ciclos de sueño – vigilia y habilidades de comunicación para adaptarse a la modalidad online. En algunos surgieron nuevos temores y a otros se les facilitó la vida con el anonimato tras la cámara.

Hoy enfrentamos un nuevo desafío: prepararnos para regresar a las aulas de forma presencial. En tal sentido, es relevante que los estudiantes puedan ver este retorno con optimismo, centrándose en aspectos positivos, tales como lo importancia de volver a una rutina diaria, que incluya  reorganizar nuestros horarios, salidas y contacto con pares, lo cual contribuye a nuestra salud física y mental.

Asimismo, el poder compartir experiencias con los pares, profesores y familiares en distintos ambientes favorece el desarrollo de habilidades cognitivas, sociales y afectivas. En este aspecto, es importante que las familias e integrantes de Comunidades Educativas comprendan que este retorno va a implicar un proceso de adaptación para todos los actores involucrados.

Desde hace dos años, los estudiantes vienen con una dinámica de estudio muy distinta, donde habitualmente podían consultar sus apuntes para recordar aspectos teóricos o a sus compañeros durante una evaluación. Por ello, el proceso de adaptación no debe centrarse únicamente en el estudiante, sino que debe incluir a los docentes y a las familias.

Es importante que, al interior de estas últimas,  se generen espacios en los que los padres puedan transmitir calma y confianza a los hijos. Lo mismo tendría que ocurrir dentro de las aulas, donde los docentes debiesen generar instancias de diálogo, aclarar expectativas y transparentar como irá siendo esta etapa.

En este proceso de adaptación podrían presentarse algunas dificultades, las que se van a ir subsanando a los largo de los días. Por ejemplo, hay personas que desarrollaron temor a salir a la calle durante la pandemia o sus rasgos de introversión y ansiedad se vieron acrecentados producto del aislamiento social, sin embargo, con el apoyo de los distintos sistemas que los rodean es posible retomar el ritmo de cada una las actividades que antes realizaban.

De igual modo es relevante que los estudiantes no generen expectativas irreales en cuanto a lo rápido o lento que puede ser este proceso, eviten compararse con otros compañeros y entiendan que se tienen historias, familias y realidades diferentes, por lo tanto el cómo respondemos a una situación como ésta será absolutamente particular.

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