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Opinión

Educación técnica para Chile


 Por Jorge Villablanca Mouesca Director Instituto Tecnológico UCSC

Jorge-Villablanca

Lo que Chile necesita es más y mejor educación técnico profesional, articulada, continua, con duración acorde a la especialidad, vinculada con los sectores económicos y productivos, contextualizada y en concordancia con los requerimientos del país y de los empleadores.
Hoy nos encontramos con ciertas ambigüedades en los planes de estudio, en donde los empleadores no entienden bien qué competencias tiene un egresado de la educación media TP o de la Educación superior TP. También encontramos disparidad en calidad de la enseñanza, dependiendo en gran medida de la institución que imparte las carreras. Otro asunto diverso son los nombres de las carreras, donde se observa una suerte de festival de la creatividad con cientos de opciones que redundan en un grupo menor de planes de estudio equivalentes, pero que no ayudan a la trasparencia de la oferta académica TP, donde no queda claro que es qué y quien es quien.
Para mejorar ello, no solo debe haber un marco de cualificaciones completo y de amplia cobertura, que sea claro y definido por los mismos empleadores, sino también sistemas de información que no solo estén, sino sean consultados por los estudiantes, postulantes, empleadores y todos los que están tomando decisiones para estudiar o contratar, creando una verdadera cultura y valoración de los que se forman y trabajan como técnicos y técnicos especializados.
También, en mi personal opinión, el marco regulatorio debe contemplar mayor flexibilidad para los programas de estudio y sus grados académicos reconocidos en la ley, creando sistemas de admisión y financiamiento por diversas vías que permitan a las personas acceder a su formación técnica de calidad que reconozca aprendizajes previos formales y no formales. En este sentido, una reforma al Sence se hace urgente.
Finalmente, la transparencia en la información desde el Ministerio del Trabajo, debería dar claras señales de los requerimientos desde el mercado laboral, entregando orientación activa a los que buscan formarse o perfeccionarse, haciendo de la inversión en educación un bien público rentable para el país y para las familias. Por su parte, las instituciones de educación deben adaptar en forma ágil sus ofertas académicas, para ofrecer programas contextualizados a las realidades y necesidades regionales y las disciplinas específicas que las empresas, servicios y el estado necesitan.
En resumen, tener una Educación TP de alta calidad y que aporte al desarrollo del país, requiere de programas de estudio de duración adecuada y currículo flexible, con empleabilidad y remuneración atractiva, con sistemas múltiples de financiamiento y admisión y formación continua a lo largo de la vida y que dé respuestas a las necesidades del territorio. Solo así, nuestra sociedad valorará la educación técnica como tal y la pondrá en el sitial que le corresponde, como lo es en los países desarrollados.

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