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Opinión

Educación y políticas públicas


 Por Alejandro Mege Valdebenito

ALEJANDRO-MEGE

“Vamos a invertir en educación, primero en educación, segundo en educación, tercero en educación. Un pueblo educado tiene las mejores opciones en la vida y es muy difícil que lo engañen los corruptos y mentirosos.”
―José “Pepe” Mujica

En la última Cuenta Pública de su mandato, el Presidente de la República, Sebastián Piñera, reconoció que “la educación es el instrumento más poderoso para el desarrollo material y espiritual de las personas, y también de los países. La educación es la forma de transformar al individuo y la sociedad”. Sin duda, una frase para el bronce, pero que no se condice con la realidad que vive nuestro sistema educacional y lo hace cuando se pone fin a su gobierno, ya sin espacio ni tiempo para hacerla realidad, si bien se destaca lo realizado en educación de párvulos y el ejemplo de los 320 establecimientos para ser Liceos Bicentenarios, que son menos del 5% de los 9.450 establecimientos escolares del país.
Bien para los estudiantes que tienen la opción de estudiar en estos establecimientos, pero también constituye una deuda para la mayoría de los que no reciben la misma atención ni los recursos para ofrecer iguales opciones de una mejor educación, contribuyendo al aumento de una odiosa discriminación educativa. Para muchos, en esta área, la cuenta fue decepcionante por la carencia de anuncios de cómo fortalecer la calidad de la educación, especialmente la pública, ni hizo mención a los avances e implementación de la Nueva Educación Pública, “la política educacional de mayor magnitud y más compleja desde la transferencia de la educación estatal a los municipios en 1981”, compromiso del Estado para convertir la educación pública en una real alternativa de educación gratuita y de calidad universal, que considera el traspaso de los establecimientos educacionales a los Servicios Locales de Educación y otorga mayor autonomía a los establecimientos en la definición y desarrollo de sus proyectos educativos.
Tampoco hay claridad cómo enfrentará el gobierno los problemas que vive la educación en tiempos de pandemia, enfermedad que no se sabe a ciencia cierta hasta cuándo nos acompañará con todo el cúmulo de efectos negativos para el aprendizaje y la salud emocional de los alumnos, sus familias y los profesores, en un escenario donde se enfrentan, en un diálogo de sordos, el ministro de Educación y el presidente del Colegio de Profesores, mientras los estudiantes resultan ser los más damnificados.
En nuestro país se han promulgado, desde el año 1965 (gobierno de Eduardo Frei Montalva), diversas reformas en educación, que han aportado cambios y avances importantes en el sistema educacional chileno, así como retrocesos, como lo fue la municipalización de la educación, situación que busca revertir la Nueva Educación Pública, iniciada en el año 2018 y que debería estar implementada y finalizada en el año 2025, si se cumple con el itinerario establecido.
En materia educacional, como en otras, la elaboración de la Nueva Constitución tendrá un impacto trascendental en todos los aspectos de la vida de la sociedad chilena y, si bien en lo expresado, hasta ahora, por algunos de quienes tendrán la responsabilidad de su elaboración, destacan su preocupación por temas medioambientales, descentralización y fortalecimiento de las regiones, justicia social, entre otros, preocupa que sobre educación no se haya dicho mucho, más bien, se ha dicho poco, por lo que es de esperar que los 19 convencionales que son profesores, 13 mujeres y 6 hombres, por su compromiso y sensibilidad, y porque saben de la importancia que tiene la educación en la construcción de una sociedad distinta, inclusiva, más justa, solidaria y que ofrece a todos oportunidades de una vida mejor, harán oír su voz y su experiencia para que la educación tenga en la Nueva Constitución el sitial que se merece.

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