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Opinión

Unidad latinoamericana en pandemia


 Por Roger Sepúlveda Carrasco, Rector Universidad Santo Tomás, Región del Biobío

Roger-Sepúlveda

Días atrás supimos la noticia de que gracias a un vuelo de Latam, empresa aeronáutica nacional, se pudieron recibir en Uruguay las primeras 190 mil dosis de vacunas Sinovac trasladadas desde China, con escala previa en Santiago. El arribo de dicho cargamento incluso quedó inmortalizado en redes sociales al compartirse el audio de la conversación entre la torre de control y el piloto de la aeronave en su arribo, donde los agradecimientos por el aporte a dicho país en el contexto de la lucha contra la pandemia fue la tónica.

Asimismo, desde nuestra nación vecina del Perú, su actual Presidente, Francisco Sagasti, agradeció públicamente a Chile por la donación de oxígeno medicinal que comenzó con el envío de las primeras 40 toneladas, un recurso cuya escasez ha complicado seriamente el funcionamiento de los hospitales del país vecino en plena pandemia por Covid 19. Este envío se repetirá semanalmente con la misma cantidad y compleja logística.

Por su parte, el ministro de Salud de nuestro país, Enrique Paris, señaló que desde Chile además estamos colaborando con el pueblo del Ecuador, “enviando medicamentos por instrucciones del Presidente de la República”.

Estos hechos, efectivamente, marcan y mucho en el cómo nuestro país está abordando esta verdadera crisis sanitaria a nivel mundial, entendiéndola en el real sentido de su gravedad y urgencia por actuar, mostrando un compromiso y rol de desinteresada cooperación con sus países vecinos, con un interesante liderazgo, sin mezquindades, luciendo un verdadero sentido de unidad, más allá de nuestras fronteras nacionales.

En épocas tan complejas como la que vivimos, donde se podría pensar que quizás primarían -legítimamente- los intereses propios, Chile ha dado un paso más allá luciendo un verdadero espíritu de unidad y cooperación hacia nuestros países hermanos en Latinoamérica. Esto pues, a pesar de todos los retos logísticos y de coordinación para el traslado y distribución de estos productos, la labor se ha desarrollado de manera impecable. A la vez, no hay que olvidar que esta cooperación se genera precisamente ante las dificultades sanitarias que estos países atraviesan, lo que implica en definitiva asumir un rol que permite salvar vidas, ni más ni menos.

Se ha señalado con frecuencia que Chile ha podido, con décadas de esfuerzo y manejo ordenado, convertirse en el “mejor alumno” de la clase, pero que por ningún motivo será candidato al premio de “mejor compañero”. Me parece que este tipo de gestos deben hacer reconsiderar estos dichos, pues Chile está tendiendo la mano a vecinos que incluso sin compartir una visión política están atravesando complejidades muchísimo más graves que nosotros.

Sin duda que en el manejo de la pandemia pueden existir aciertos que aplaudir y errores que corregir, pero este espíritu de cooperación y colaboración internacional es algo que debemos destacar y sentirnos orgullosos. La unión latinoamericana, más allá de ser una estación de metro en la Capital o la letra de una canción, se construye con hechos concretos y Chile ya lo está haciendo.

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