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Opinión

Primer acuerdo de operación del embalse Ralco, el inicio de una mejor gestión de los recursos hídricos en la cuenca del Biobío


 Por Juan Vallejos

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Los cambios en el clima están mostrando evidencias impactantes y nos exigen nuevas respuestas para proteger a la población, a nuestra infraestructura y sistema productivo esencial para nuestro desarrollo, una muestra de eso son los daños ocasionados por las recientes lluvias de verano, donde se vieron impactados el abastecimiento de agua potable y el sector agrícola de manera especial.

La situación anterior está lejos de hacer olvidar la actual sequía por la que atraviesa nuestro país.  Según la investigación “Actualización del Balance Hídrico Nacional” (liderada por el Departamento de Ingeniería Civil de la Universidad de Chile y que analizó 174 cuencas hidrográficas de todo el país), las proyecciones para el período 2030-2060 indican que el cambio climático generaría una reducción de los caudales medios anuales que podría llegar hasta 25% en la zona sur.

El déficit histórico de precipitaciones de la última década es preocupante para todos los usuarios que utilizamos los recursos de la cuenca del Biobío, como es el caso del turismo, hidroeléctricas, empresas de bienes y servicios, la agricultura y el consumo humano.

Sin embargo, pocos han advertido los efectos del cambio climático en la disponibilidad de agua del río Biobío cuyo régimen hidrológico muestra que cerró el 2020 con un déficit de 36% medido en la estación de Rucalhue, ubicada en Alto Biobío, en tanto la proyección a marzo es de un déficit superior a 45% medido en su desembocadura.

Son señales alarmantes. La cuenca del río Biobío es la tercera cuenca más grande a nivel nacional, después de las del Loa y del Baker, y es fundamental para el desarrollo social, económico y ambiental de la región más poblada después de la capital, como tal, requiere en forma urgente que sus aguas sean debidamente gestionadas.

Por esta razón, la reciente conformación de la Junta de Vigilancia del río Biobío ha sido y será fundamental para la administración y distribución eficiente de las aguas. Gracias al trabajo colaborativo en pos de la sostenibilidad de la cuenca, ha sido posible trabajar para una adecuada convivencia de los accionistas y una mejor gestión en relación con los distintos usos a que se destinan las aguas, así como la interacción que se produce entre las aguas superficiales y subterráneas.

La visión común que tienen los integrantes de la Junta de Vigilancia del Biobío, en cuanto a trabajar por la conservación de los recursos hídricos de la cuenca y permitir el adecuado desarrollo de todos los sectores productivos, está mostrando sus primeros frutos con la firma de un acuerdo histórico que limitará los caudales que se evacuan desde el embalse Ralco para generar energía eléctrica, con el fin de aumentar los caudales disponibles durante el estiaje del río en los últimos días del verano. Esto contribuirá a mejorar todas las captaciones de agua de riego, industriales y sanitarias aguas abajo de Ralco en el tiempo de menor disponibilidad del vital recurso.

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