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Opinión

En Chile, no todos pueden quedarse en casa


 Por La Tribuna

Paola Salas Daza Directora de carrera Ingeniería Comercial UST Los Ángeles
Paola Salas Daza Directora de carrera Ingeniería Comercial UST Los Ángeles

Como ya todos sabemos, la pandemia del COVID-19 nos tiene en una condición de incertidumbre total, enfrentamos una crisis sin precedentes cuya principal amenaza es que no sabemos cuándo ni cómo termina, por lo que todas las estrategias planteadas por los distintos gobiernos del mundo pueden parecernos erradas o insuficientes. 

En el caso de nuestro país, ¿qué tan factible es la frase “quédate en casa” ?, ¿existen las condiciones para que las familias vulnerables acaten las medidas de confinamiento?

La verdad es que esa frase parece un simple slogan, cuando en Chile el 28,9% de los trabajadores son informales (según datos del INE trimestre enero-marzo 2020), cifra que seguirá creciendo toda vez que los empleos formales disminuyen a razón de la fuerte contracción de la producción; ellos son trabajadores que día a día tienen que salir a buscar el sustento, sin previsión social ni seguro de cesantía de respaldo. Y mientras hay quienes cuestionan las medidas y proponen una elección entre la salud o la economía, lo cierto es que para que exista bienestar y una buena calidad de vida para todas las personas, se necesita de ambas.

En Chile la pobreza se mide a través de la encuesta CASEN, la cual mide la pobreza por ingresos y además mide la pobreza multidimensional de nuestro país, esta última considera variables más allá de la capacidad de las personas de generar ingresos, considera también otras dimensiones que son indicadores de vulnerabilidad como son: educación; salud; trabajo y seguridad social; vivienda y entorno; y redes y cohesión social.

Esta encuesta con datos de 2017 señala que un 20,7% de la población de nuestro país es pobre, es decir, tiene múltiples carencias en las dimensiones antes mencionadas. Son personas con baja escolaridad, sin acceso a empleos formales y por ende con bajos ingresos y sin previsión social. Por lo tanto, decirle a este grupo de chilenos que se quede en casa es coartarle sus posibilidades de subsistencia y de eso tenemos que hacernos cargo.

Recordemos que tenemos el triste récord de ser el país más desigual de la OCDE y esto queda en evidencia cuando hay quienes pueden quedarse en casa y quienes no, porque hoy los efectos de la pandemia se sienten más fuerte en los hogares más vulnerables. 

No cabe duda de que la urgencia hoy es la salud, y hacer todo lo que sea posible para detener la pandemia; que todos los contagiados reciban los cuidados necesarios y que nuestro sistema de salud no colapse, pero para eso se deben tomar medidas significativas, oportunas y focalizadas. Medidas sanitarias ciertamente, pero también medidas económicas que permitan que aquellos chilenos que hoy no pueden quedarse en casa reciban la ayuda necesaria para poder hacerlo y cuidarse.

Por último, como en toda crisis hay una oportunidad, es de esperar que cuando esto termine se logren los aprendizajes necesarios y se trabajen cambios que apunten a disminuir la desigualdad en Chile, que logremos un crecimiento inclusivo que permita que en una próxima crisis todos podamos cuidarnos.

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