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Opinión

¿Qué educación deseamos? ¿Qué país deseamos construir?


 Por La Tribuna

Eva Dauelsberg
Escuela de Psicología
Universidad Adolfo Ibáñez

Parte fundamental de nuestro estallido social, tiene relación con un sistema o modelo educativo, que en su estructura requiere un proceso de reflexión y discusión crítica.

Nuestros indicadores en salud mental en población infantil y juvenil son alarmantes. Estas problemáticas son reflejo (también) de un sistema educativo que en mayor o menor medida se ha construido en base a valores económicos e instrumentales soslayando el desarrollo integral de los sujetos.

Es de singular importancia pensar por tanto si nuestro sistema educativo refleja es sus valores y principios la sociedad y el país que deseamos construir. En base a esto podemos discurrir en algunos puntos:

-Si deseamos construir una sociedad orientada hacia la cooperación, la solidaridad, la inclusión y junto con ello mejorar la salud mental de la población, deben revisarse las competencias que dirigen hacia los principios contrarios (competitividad, individualidad, etc). Resulta curioso, en este punto, observar la primacía actual de competencias tendientes al desarrollo individual o realización personal (competencias “auto”), por sobre aquellas competencias tendientes al desarrollo de la colectividad. Estas competencias “auto”, pueden surgir de la convicción de que a mayor desarrollo individual se mejorarán las condiciones de vida de la comunidad. La historia, sin embargo ha demostrado otra cosa: un mayor desarrollo individual, no va aparejado necesariamente, de un mayor de desarrollo del grupo. Ello tiende a reproducir un modelo social y económico inequitativo, que incluye a algunos y excluye a otros.

– Nuestro modelo educativo debiese tener en cuenta nuestra historia y particulares contextos. En ocasiones, los modelos se instalan sobre personas y sociedades bajo el prisma de “tabula rasa”. En este punto no es concebible, por ejemplo, importar una visión proveniente de otra cultura y trasplantarla en ausencia de proyección histórica y desarraigándola de nuestras raíces estructurales y culturales (desde donde surgen parte de las problemáticas a las que se le desea dar solución).

– Se torna esencial un replanteamiento acerca de lo que se concibe como “éxito”. Si el éxito solo se concibe en términos de resultados cuantitativos (“ideología del rendimiento”) y no como manifestación de un bienestar subjetivo y colectivo, corremos el riego de promover en nuestros niños y jóvenes que el único modo de ingresar al orden social (hacer lazo social) sea a través de lo que es productivo y potencial bien de consumo.

Si este modo de hacer lazo social se implanta como único camino de insertarse en la sociedad, podemos terminar por abatir al individuo, a la comunidad y en última instancia a la sociedad.

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