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Opinión

Día internacional de No violencia contra la Mujer


 Por La Tribuna

Patricia Gómez Becerra
Directora Carreras Ciencias Sociales
Santo Tomás Los Ángeles

El 25 de noviembre se conmemoró el día internacional de la No violencia hacia la mujer, esta conmemoración nace en memoria del asesinato de las hermanas Mirabal, las “Mariposas”, Patria, Minerva y María Teresa, las tres hermanas fueron brutalmente asesinadas en el régimen de Rafael Trujillo, en República dominicana en el año 1960.

A principios de los años 80, movimientos y agrupaciones de mujeres en Latinoamérica establecen este día en memoria de las tres hermanas Mirabal y de todas las mujeres asesinadas a través de las últimas décadas. En el año 1999, esta conmemoración fue reconocida por las Naciones Unidas convocando e invitando a los gobiernos, ONG y otras organizaciones a realizar actividades que sensibilicen a las y los ciudadanos frente la violencia, que día a día sufren miles de mujeres en todos los continentes, sin mediar nivel socioeconómico o educacional.

Hoy en nuestro país las cifras evidencian que este problema social no disminuye, a la fecha el Sernameg ha informado más de 41 femicidios y más de 80 ataques frustrados, detrás de esta última cifra existe un porcentaje importante de mujeres que no denuncian. Si bien es cierto, los distintos gobiernos han generado acciones a nivel de política pública, y el gobierno de Chile se ha adscrito a la convención interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, conocida como Convención Belém de Pará, sigue existiendo una deuda pendiente a nivel de Estado.

En primer término, a nivel legislativo. En Chile la Violencia de Género está abordada principalmente desde la figura de la Violencia Intrafamiliar, dentro de la cual encontramos principalmente tipificada la violencia física, psicológica, económica y la incorporación de la figura de femicidio a través de la Ley 20.480 promulgada recién en el año 2010 y la Ley de Trata de personas en el año 2011.

Por otra parte, desde el ámbito laboral encontramos la figura de acoso sexual, Ley 20.005, no considerando a nivel legislativo otros tipos de violencia contra la mujer como sí lo hace, por ejemplo, la legislación argentina a través de la Ley 26.485, de protección integral a las mujeres. En segundo término y el más importante, en el ámbito de la educación y formación de las nuevas generaciones, existe una gran tarea que no sólo recae en los gobiernos de turno o de los sistemas escolares, como muchos piensan, sino que también en las familias, primer agente socializador del individuo, y de las organizaciones sociales y de base, que enfrenten y reviertan la actual normalización que se ha generado frente a todos los tipos de violencia, especialmente hacia la mujer.

La tarea como sociedad es reflexionar desde la autocrítica, reformar un sistema cultural que cada día nos muestra su cara más trágica a través del asesinato de miles de Mariposas que no murieron a manos de un sólo victimario, sino de una sociedad pasiva, tolerante y complaciente que ha observado durante demasiado tiempo sin hacerse cargo de este flagelo social. 

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