martes 12 de noviembre, 2019

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Opinión

Envejecimiento y Homo Deus (o la epopeya de Gilgamesh revisitada)


 Por La Tribuna

Nicolás Saa
Académico del Departamento de Ciencias Clínicas y Preclínicas. 
Facultad de Medicina UCSC.

Yuval Noah Harari, historiador israelí, en su genial libro “Homo Deus: Breve Historia del Mañana” relata la epopeya del rey Gilgamesh, personaje legendario de la mitología sumeria que junto a su amigo Enkidu sufre un sinfín de aventuras. Una narración que finalmente desemboca en la búsqueda de la inmortalidad tras la muerte de este, pero en clave del siglo XXI , al estilo de Silicon Valley, ya que comenta en la páginas 36 y 37 que Peter Thiel , cofundador de PayPal, ha confesado en varias entrevistas que pretende vivir para siempre. Indica “creo que, probablemente, hay tres maneras principales de afrontar la muerte – explicaba- : puedes aceptarla, puedes negarla o puedes luchar contra ella. Pienso que nuestra sociedad está dominada por personas que están por la negación o por la aceptación, y yo prefiero luchar contra ella”.

Vemos una nueva epopeya ya no basada en el heroísmo suprahumano de personajes semidivinos, sino en el esfuerzo biotecnológico de derrotar el proceso de envejecimiento, tal cual fuera esta una enfermedad a la cual debemos erradicar a como dé lugar.  Se está en búsqueda de “magic bullets” o balas mágicas quiméricas ya sean estos fármacos, dianas genéticas o uso de nanorobots que prolonguen en forma indefinida nuestra permanencia terrena. Y aquí cabe la pregunta: ¿es el envejecer una enfermedad?, ¿es necesaria erradicarla? Es curioso ya que desnaturalizaría la vejez como algo patológico, no deseable.  Pero al parecer todavía nos encontramos lejos de esa realidad poco utópica (pero se vislumbra aproximarse a paso más que rápido).  El “curar” la vejez si lo pensamos implicaría en su instauración una grave inequidad y justicia social, ya que el uso de la tecnología antienvejecimiento beneficiaría sólo a aquellos con el dinero suficiente para adquirirla. Por ende, nacería una estratificación social nueva, un futuro distópico, en ciudadanos de primera clase “inmortales” o muy próximos a ellos, y los “no inmortales”, con clara desventajas físicas, psíquicas, sociales y económicas. Una nueva veta de desigualdad y como replica el también autor de “De animales a dioses”: “la igualdad sale, entra la inmortalidad”.

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