viernes 23 de agosto, 2019

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Opinión

Desasosiego y la paz

Mario Ríos Santander


 Por Sebastián Carrizo

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El debate iba creciendo en aquella comunidad Lafquenche. “Es la tierra y la espiritualidad Lafquenche – Mapuche, la que constituye ancestralmente la esencia de lo que somos. Por ello nuestra lucha no tiene límites en el tiempo”, expresó aquel hombre con firmeza y resolución. Su contraparte, bastante disminuida, estaba solo frente a una docena de miembros de esa comunidad, guardó un minuto de silencio y preguntó: “¿De cuándo están en estas tierras?”, la respuesta fue unánime, “mil años, por ello el valor ancestral de esta tierra  Mapuche”. Nuevamente silencio. Sin embargo, a poco andar, comenzó a esbozar una cuestión que nacía del alma. “Las personas, gran parte de ellas, se siente portadores de un espíritu. A Uds. les ocurre y a mí me ocurre, por tanto, yo también tengo un valor que, a la luz de lo que expresan, es también, un valor ancestral. Nuestra ancestralidad, la  de mi también pueblo, si pueblo cristiano, tiene algo más tiempo, 2000 años. Tampoco tenemos límite en el tiempo. Somos iguales, miren que hermosa es la vida”, expresó. Los demás guardaron silencio.

Las sociedades que conforman los diversos asentamientos humanos del planeta, no todas, pero la gran mayoría sí, es la suma de encuentros, conquistas, sociedades. En ello, los cristianos han sido protagonistas principales. Y los católicos esenciales. El motivo de ello, es que fueron los únicos que superaron el poder del imperio, tronos, monarquía o cualquier otra forma de gobierno. Los cristianos, concibieron una civilización. Tal estructura, cuyos cimientos son una suma de valores, de los cuales la relación con la naturaleza de las cosas es absoluta, dando razón a verdades que se expresan por sí sola. Esta civilización, bautizada por los eruditos del estudio, la investigación, del razonamiento, con el nombre de, Civilización Occidental Cristiana, permitió el surgimiento de la más formidable estructura valórica no imaginada, salvo por la naturaleza, aquella misma, que da origen a la palabra de Cristo Jesús.

La Iglesia Católica, institución principal en la historia Cristiana, es la responsable de la existencia de esta Civilización. En ella, se consolidó los fundamentos que le dieron vida y, más aun, hoy, en forma también principal, dado por su estructura de Iglesia y Estado. Si bien, Jesús concibe las obligaciones del hombre, en asuntos que le son propios del César y otras, propias de Dios, la Iglesia Católica proclama ser Apostólica y Romana, adquiriendo la conducción espiritual de los bautizados en ella y representando las cosas propia de la administración política, en los estados. Por ello, ojos y oídos se vuelcan a Roma, desde todos los rincones, para oír el Sermón dominical, siempre compuesto por fundamentos religiosos católicos y en el ámbito político, orientaciones, advertencias, a pueblos, estados o gobernantes.

Lo anterior, ahora que esta Civilización Occidental Cristiana, se extiende a todos los rincones del mundo, produjo un sobresalto la suma de abusos y delitos diversos que ocurrieron en su interior. El mayor temor surgido fue la falta de capacidad evidente demostrada en la administración de este fenómeno que nunca debió dejar en entredicho al órgano central de esta civilización: la Iglesia Católica. Sin embargo, una buena noticia. Creemos que ocurrirán otros escándalos, pero ya se tomó el rumbo de su administración. Ahí llegó Celestino Aós, Ello implica una enorme responsabilidad, seguir la marcha de la Iglesia. Apoyar y ser apoyado, estar consiente que se trabaja bajo la orientación de Jesús y para el mundo en esta civilización repleta de naturaleza. Todos los cristianos saben que la debilidad de uno de los suyos, daña el alma por ello, también sus empeños para salir adelante. Se vuelve a caminar. Habrá alguien que administre lo ocurrido y lo por venir, otros, recogen a Cristo, se subsumen en su palabra y vuelven, con más fuerza, a ser misioneros del mundo. Ahora, todo bien.


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