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Opinión

Admisión justa        

Reconocer el mérito académico de los alumnos no es discriminar, sino más bien resaltar el valor del esfuerzo en aquellos alumnos y sus familias.


 Por La Tribuna

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Fernando Peña Rivera

Seremi de educación Región de Biobío

   

El Presidente de la República, Sebastián Piñera, junto a la ministra de Educación, Marcela Cubillos; han presentado un proyecto de ley para modificar la Ley de Inclusión (20.845), que permite, entre otras cosas, la creación del Sistema de Admisión Escolar, y que en 2018 comenzó su implementación en la región del Biobío. Mientras se escribe esta columna, más de mil seiscientos alumnos aun no logran encontrar matrícula para el año escolar 2019 ¿la razón?  Son familias que no quedaron satisfechas con el proceso regular y complementario, y que pese a tener más de 24 mil vacantes disponibles, se niegan a enviar a sus hijos a establecimientos que no gozan de su preferencia. De las principales molestias e inquietudes de los apoderados, destacan situaciones de alumnos de enseñanza media con muy buenos promedios, algunos que egresan de octavo básico con nota 6,8 y que, aún así, no lograron un cupo para primero medio en el establecimiento de su preferencia, toda vez que la Ley de Inclusión promulgada en el gobierno anterior elimina la selección por notas en enseñanza media ¿fue una decisión correcta? ¿Hubo un diagnóstico acertado? ¿Existía evidencia comparada para prohibir la selección, o fue más bien una reforma ideológica? La implementación del SAE indica que no, y esto, porque hay que distinguir entre discriminación y selección (Urzua, Fontaine. 2018).

Reconocer el mérito académico de los alumnos no es discriminar, sino más bien resaltar el valor del esfuerzo en aquellos alumnos y sus familias que logran un buen desempeño escolar ¿será necesario quitarles los patines a éstos para que los menos aventajados puedan remontar?  El problema del llamado “efecto par” que intenciona la ley, es que puede actuar hacia arriba o hacia abajo. Para que el efecto se produzca en sentido positivo, es necesaria una proporción o balance entre el grupo socioeconómica y culturalmente más alto, y el grupo vulnerable al que se quiere favorecer. Es difícil saber si este efecto tendrá buenos resultados entre los usuarios del SAE (mundo municipal y particular subvencionado), sobre todo, porque es sabido que el mayor capital cultural y social se ubica en los establecimientos particulares pagados (ahí están las mayores brechas).  Para que el SAE funcione y logre ser un espejo de las preferencias de los padres, primero se debió comenzar mejorando la calidad de la educación pública, lo que, por cierto, es la principal tarea del gobierno del Presidente Sebastián Piñera en agenda educación (Todos al aula).

La selección es una práctica habitual en los mejores sistemas educacionales del mundo. En los países OCDE, comienza en torno a los 14 años.  En Singapur, Holanda, Bélgica y Suiza es a los 12 años, en donde el 75% del alumnado es seleccionado por mérito académico (PISA 2015). En ese sentido, la propuesta del gobierno para reponer la selección como criterio de priorización en el SAE va en la dirección correcta, no sólo porque reconoce el mérito, sino que además, porque da valor público al esfuerzo de las familias y el derecho preferente que tienen para decidir sobre la educación de sus hijos; lo que por cierto, refuerza el compromiso del Presidente Sebastián Piñera con la idea de construir una “sociedad docente”, en donde la familia ocupa un rol fundamental en la formación de valores y principios que le permitan a la sociedad alcanzar un auténtico desarrollo humano e integral.

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