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Opinión

Cobertura en salas cuna y las consecuencias de esta inversión

Sabrina Devia Astorga, académica de la Facultad de Educación de la Universidad Central


 Por La Tribuna

11-12-2016_20-41-19SabrinaDevia-columnasalascunas

En el marco del reciente estudio de “Inversión pública en primera infancia en Chile”, publicado por UNICEF, se han visibilizado problemáticas relacionadas con la inversión que el gobierno realiza en función de la primera infancia y los resultados de la misma.

Más allá de las dificultades que se declaran en esta investigación, podemos continuar mencionando otro tipo de políticas de gobierno que requieren de importantes inversiones, pero que parecen no tener los resultados esperados, por ejemplo, el aumento de las salas cuna.

Claramente, aumentar la cobertura de salas cuna para la atención de niños y niñas menores de dos años fue a priori una importante política de apoyo para las familias chilenas y no precisamente por acercarnos a los estándares de la OCDE, ni por mejorar la calidad, sino por la tranquilidad que tendrían las mujeres al tener un apoyo para dejar a sus hijos/as mientras ellas trabajan. Sin embargo, ¿qué vamos desarrollando detrás de esta medida?

En Chile las mujeres trabajan en promedio ocho horas diarias, y si consideramos los traslados, podríamos aumentar en dos horas más, es decir, un total de 10 horas en las que una madre no está con su hijo durante cinco días a la semana.

Y cuando la investigación de UNICEF señala que los programas no conversan, pues me atrevería a decir que las políticas y los programas tampoco lo hacen. Por ejemplo “Chile crece contigo” y el niño/a crece con Chile, con la educadora o educador, con el personal técnico, con sus compañeros, ¿y sin la madre o la familia?

Por otra parte, ¿cómo la sociedad comienza a ver la sala cuna? Quizás como ese lugar donde se puede dejar a los lactantes para que cuiden de ellos, a fin de que los padres y madres de nuestra sociedad pueden salir a trabajar tranquilos.

La sala cuna no es un centro asistencial, la sala cuna es un espacio educativo liderado por educadores de párvulos, quienes no cumplen única y exclusivamente el rol de asistir al niño/a mientras la familia no está, es más profundo que eso, es “educador”, mediador  o facilitador de los aprendizajes que se promueven en el niño/a.

Entonces, ¿en qué estamos invirtiendo? En delegar el rol de la familia como primer agente educador del niño y niña a un espacio que la sociedad comienza a visualizar como asistencial; como así también invertimos en crear una imagen equivocada de lo que es la Educación Parvularia.

Desde ya se agradecen los esfuerzos por crear la Subsecretaría y la Intendencia de Educación Parvularia; porque son estas unidades las que deben velar por la coherencia entre las nuevas políticas y los programas para la primera infancia, urge que conversen en la misma línea.

Sin duda alguna, las inversiones que hace el gobierno en la infancia deben ser repensadas, no sólo porque es lógico desear hacer una “buena inversión”, sino porque los programas y las medidas en el ámbito de la infancia atañen a futuras generaciones de ciudadanos, con los cuales no nos podemos permitir errores. Los invito a proyectar por unos segundos hacia qué tipo de sociedad caminamos con estos futuros ciudadanos.

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