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Opinión

En la base de la reforma

Si no se resuelve el problema que afecta los inicios del sistema educativo la inequidad persistirá y la educación superior continuará recibiendo a quienes tuvieron la posibilidad de ingresar a ella con vacíos en su formación.


 Por La Tribuna

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Como uno de los integrantes del recién creado Consejo Consultivo por el Ministerio de Educación para ordenar una desordenada reforma de la educación superior, el ex ministro Sergio Bitar adelantó que la idea era la de matizar la opinión de quienes quieren cambiarlo todo. Si cambiar todo significa incluir en este cambio mejorar a la educación parvularia, básica y media y no centrar de manera preferente la atención y los recursos en la educación superior, habría que estar de acuerdo que no es posible construir una educación terciaria que responda a los requerimientos de la población escolar, del crecimiento y desarrollo del país con equidad y justicia sin haberse preocupado primero de los tres tramos educativos que la preceden y que constituyen la base sobre la que se sostiene el andamiaje y la solidez de la educación superior.

Cuando la atención de la reforma educacional se enfoca primero y mayoritariamente en la educación superior, en los criterios de gratuidad, selección y participación, entre otros, queda la impresión que los alumnos que acceden a ella se educaron por generación espontánea, que el proceso educativo previo para ingresar al CFT, al Instituto o a la Universidad no fuera un requisito que tenga mayor importancia, cuando, en verdad, de él depende el éxito o fracaso que se obtenga. Pero, claro, la educación superior es la más visible, la que se hace escuchar, la que exige y que presiona.

Nadie discute la importancia de la educación superior pero no se puede negar que sin una base inicial de calidad un sector de la sociedad no tiene oportunidad de ingresar a ella y, quienes lo logran lo hacen con serias deficiencias en su formación. No por nada, la enseñanza primaria ha sido considerada por la ONU como el 2º de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, reconociendo que la educación de la escuela y el liceo constituyen la base que proporciona las herramientas elementales para continuar en el proceso de seguir aprendiendo. “Es la educación primaria la que civiliza y desenvuelve la moral de los pueblos. Son las escuelas la base de la civilización”, sentencio Domingo Faustino Sarmiento.

Si no se resuelve el problema que afecta los inicios del sistema educativo la inequidad persistirá y la educación superior continuará recibiendo a quienes tuvieron la posibilidad de ingresar a ella con vacíos en su formación, con frustrantes resultados académicos como consecuencia de los débiles cimientos sobre los que descansa cuando se descuida el sistema educativo que le da sustento.

¿Le será posible a dicho Consejo poner “orden en el caos” que afecta la reforma educativa? Por el bien del país, ojala, así sea.

Alejandro Mege Valdebenito.

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