jueves 23 de mayo, 2019

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Opinión

Ya no estoy sólo indignado, sino furioso, como decía Aristóteles

Osvaldo Cáceres González Arquitecto


 Por Cristian Delgadillo Rosales

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“Jamás priorizaría la escritura por sobre la proximidad con los hijos”, dice el escritor Roberto Merino. A mí me ha sucedido eso, he privilegiado la arquitectura, por eso me casé y después me separé, luego me casé de nuevo y después me divorcié de nuevo, y a los 80 años me casé otra vez. He andado por el mundo casándome y descasándome, en París, Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Santiago, Concepción y Los Ángeles. La vida es bastante absurda, pero es lo que tenemos y sólo una vez, habría por ello que aprovecharla, pero las circunstancias son las que complican las cosas. Uno es juguete de ellas. O se deja ser juguete.

Pero parece que estoy cansado, que no logro ordenarme o bien que a esta altura no hay orden posible. En septiembre cumplo 89 años y en enero pasaré a los 90. Muchos años, parecen para mí. Qué me queda por hacer. Hace años un colega me dijo que ahora lo que me quedaba era para ordenar las cosas. Se refería a lo que me quedaba de tiempo y el tiempo pasa y sigo tratando de hacer cosas, cuando a lo mejor debía estar descansando solamente, pero no me imagino estar en eso, pues siempre tengo cosas que hacer, pendientes, claro que ahora menos. Pero no me podría desligar de ellas. Me angustiaría más aún. Pues de lo que se trata es de angustia, de angustia de cómo se hacen las cosas, incluso de cómo las he hecho yo mismo, de mucha ineficiencia o irresponsabilidad.

Ver cómo se destruyen los árboles, de cómo no se cuida el poco patrimonio que queda, de cómo no se recicla la basura y la gente la sigue tirando en las calles y veredas, de cómo el desierto ya casi llega a Santiago y no se toman medidas para contenerlo. Hace años escribí un artículo para una pequeña revista literaria de Valdivia -que ahora supe sigue saliendo- sobre el agua y después he escrito sobre la necesidad de evitar que el agua, que corre torrentosa desde los Andes al mar, no se pierda y se recoja en lagunas construidas al efecto, distribuyéndola luego hacia los territorios que carecen de ella. El diputado Pérez Arriagada ha dicho que esto lo ha propuesto en el Congreso hace mucho tiempo y no le hacen caso. Durante la UP se quiso hacer un canal cerca de la costa para de ahí recoger las aguas y llevarlas para el norte. Pero nada de eso se ha hecho y cada año la sequía es mayor. En el norte está el fenómeno del “invierno boliviano” que se desencadena y arrasa con todo por el agua que produce, que no se aprovecha y que seguramente los pueblos precolombinos sabían hacerlo.

Por eso lo llamo ineficiencia, por no saber hacer las cosas o cómo hacerlas bien. Del patrimonio me preocupan los incendios espontáneos o provocados por los propietarios, que no tienen cómo afrontar los costos de mantención de los edificios declarados patrimoniales, o que deben ser protegidos, pues tienen valor patrimonial. En Valparaíso sigue habiendo incendios y ahora en Arica se quemó la aduana. En Chiloé, desde que lo conozco del año 70, se han quemado iglesias, edificios de los obispados, casas y otros de valor patrimonial.  

Ahora creen todo resolverlo por el turismo, como si éste fuera la gran panacea y tuviera tantas posibilidades para nuestra zona o la comuna de Los Ángeles. En Chile, recursos turísticos principalmente hay en el valle del Elqui, en la Región Metropolitana y Valparaíso, en la Región de los Ríos y Los Lagos (incluido el Villarrica), en Chiloé y Puerto Montt, en Puerto Natales y las Torres del Paine.

En nuestra Región de Bío Bío, lo que tiene atractivo turístico está en el lago Laja, en Alto Bío Bío y valle del Queuco, donde falta mucho desarrollo y cuidado. Y no vamos a depender para salir del subdesarrollo. Se cometió el error de privilegiar lo forestal, expulsando a los habitantes de los campos, incluso a los caminos, y luego a las ciudades cercanas como Los Ángeles y Concepción, desmantelando Mulchén, por ejemplo. Todo se trae de la zona central, hortalizas, frutas, verduras, etc. destruyendo el bosque nativo para obtener subsidio para plantar pinos y eucaliptus, que además consumen el agua. Todo se hace a corto plazo, no hay planificación. Durante la dictadura no se podía planificar, sólo el mercado era el motor.

Y así estamos esperando que el turismo nos resuelva los problemas que nosotros mismos hemos creamos. Renunca va pasar eso, seguiremos con millones en la pobreza y además miseria de los campamentos.

Tengo derecho a estar indignado y además furioso cuando se quiere aprovechar de la erupción de uno de los tantos volcanes que nos rodean para que nos olvidemos de estos problemas que se arrastran y se arrastran.


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