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Alejandro Sandoval, director regional de Senapred: "Nos quedan al menos 30 días de altísimo riesgo"

por Fernando Velásquez

La autoridad confirmó que la región enfrenta 43 incendios activos y entregó un balance preliminar de 3.500 viviendas destruidas. Advirtió que el periodo de mayor incidencia apenas comienza, por lo que llamó a la ciudadanía a desarrollar una cultura preventiva y a no esperar las alertas para evacuar si el peligro es inminente.

Alejandro Sandoval advirtió que la región del Biobío apenas comienza el periodo de mayor incidencia de incendios y que quedan al menos 30 días de altísimo riesgo por condiciones climáticas adversas / La Tribuna

La región del Biobío enfrenta una catástrofe en curso con 43 incendios forestales activos, según confirmó Alejandro Sandoval, director regional del Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred). Los más complejos son "Trinitarias" —que ha consumido más de 15.000 hectáreas entre Concepción y Tomé—, "San Lorenzo" en Florida y "Rucahue Sur" en Laja, que superó las 4.500 hectáreas consumidas.

Sandoval advirtió que la región apenas comienza el periodo de mayor incidencia de incendios y que quedan al menos 30 días de altísimo riesgo. Por ello, llamó a la comunidad a no esperar al Sistema de Alerta de Emergencia (SAE) para evacuar, sino que actuar de inmediato ante la percepción del peligro.

¿Cuál es la evaluación de esta jornada en la región y la provincia de Biobío?

—Estamos ante una catástrofe en curso. En estos momentos tenemos 43 incendios forestales activos en la región. Varios de ellos están muy activos y violentos, y se han reactivado en comunas como Los Ángeles y Quilleco. Esa es nuestra mayor preocupación.

A pesar de que se han reforzado los equipos de combate de las empresas, la Corporación Nacional Forestal (Conaf) y Bomberos —con apoyo de cuerpos de distintas regiones del país—, y se han aumentado las aeronaves mediante contrataciones especiales, la situación sigue preocupante. Afortunadamente, la meteorología nos dio cierto respiro: bajó la temperatura y aumentó la humedad, lo que ralentizó el avance del fuego, pero los grandes incendios siguen sin control.

¿Qué ha tenido de diferente esta temporada?

—Le daré mi percepción, ya que aún no cuento con datos empíricos. Seguramente la academia realizará estudios posteriores. Al inicio de la temporada tuvimos una cifra alta de incendios, que luego se niveló a cantidades históricas. Lamentablemente, hemos normalizado esa cantidad de focos diarios cuando lo esperable sería que, como sociedad, aumentáramos la cultura preventiva.

Mi percepción es que este año hemos tenido más olas de calor sucesivas que en años anteriores. De hecho, antes de que iniciara esta emergencia el sábado, ya habíamos declarado alerta roja por calor extremo para el Biobío. Estas condiciones de altas temperaturas, sumadas al viento puelche —proveniente de la cordillera y con muy baja humedad—, hicieron que el fuego avanzara de forma explosiva.

Autoridades políticas han cuestionado la envergadura de las aeronaves disponibles. ¿Cómo evalúa el nivel de recursos disponibles en la región?

—El presupuesto base de Conaf para el combate de incendios sufrió un alza histórica muy importante hace dos años. Como máxima económica, las necesidades son múltiples y los recursos escasos, aunque siempre nos gustaría tener más. Sin embargo, hay límites técnicos: todos los incendios tienen un número máximo de aeronaves que pueden operar simultáneamente por seguridad.

Contamos con el mismo avión Hércules C-130 que opera desde el Aeródromo María Dolores desde el año pasado y la cantidad de aeronaves es similar. Además, existe la posibilidad de contratar servicios extraordinarios, cosa que se hizo este lunes con la llegada de cuatro helicópteros más.

Es importante informar que, a diferencia de otras regiones, en el Biobío cerca del 70% de la fuerza de combate es privada —de empresas forestales—, mientras que Conaf representa cerca del 30%. El Biobío es, sin duda, la región que cuenta con más recursos para el combate de incendios forestales en el país.

¿Cómo ha funcionado la coordinación para proveer albergues y ayuda?

—Ha funcionado bien, aunque ante una tragedia de esta magnitud siempre hay cosas por mejorar. Agradezco especialmente a los equipos municipales y a los alcaldes, que realizan una labor tremenda bajo mucha presión. Ya tenemos 13 albergues habilitados con alimentación de la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (Junaeb) para los damnificados, incluso para aquellos que no pernoctan en el lugar.

Desde ayer comenzaron a llegar kits de higiene, alimentación y herramientas para iniciar la cadena logística de ayuda. Prontamente, una vez que se limpien y nivelen los terrenos, comenzaremos con la instalación de viviendas de emergencia como solución transitoria mientras el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu) tramita los subsidios para la reconstrucción definitiva.

¿Cuál es su llamado respecto a la ayuda solidaria?

—Quiero hacer un llamado: esta será una emergencia de largo aliento. La zona de catástrofe está actualmente saturada con el trabajo de la Fiscalía, las policías, Bomberos y la maquinaria. Concurrir ahora con ayuda humanitaria entorpece la labor. Por ello, el Gobierno Regional (GORE) ha dispuesto centralizar y ordenar la ayuda.

Hago también un llamado enfático a evitar el "turismo de catástrofe", ya que no es ético ir a tomar fotografías del sufrimiento ajeno. Hay que buscar formas de ayudar que no obstaculicen la rehabilitación.

¿Qué se prevé para el resto de la temporada y cuál es su mensaje sobre las alertas SAE?

—Estamos a 20 de enero y nos quedan al menos 30 días de altísimo riesgo. Recién estamos comenzando el periodo de mayor incidencia de incendios. Espero que esta tragedia provoque un cambio conductual real en la prevención.

Sobre las alertas SAE, es importante entender que es solo una herramienta más. La evacuación es un proceso que requiere que las familias conozcan su entorno y tengan un plan previo. El propio incendio es una alerta: si veo humo o fuego, o si sé que mi comuna está en alerta roja, no debo esperar a que llegue un mensaje al celular para actuar. La tecnología puede fallar: el teléfono puede estar descargado o las antenas dañadas por el fuego. La reacción debe ser automática ante la percepción del riesgo.

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