Identidad

Obispo llama a "no creer que el mal tiene la última palabra" en Vigilia Pascual

En la principal celebración de Semana Santa, realizada en la Catedral de Los Ángeles, la autoridad eclesiástica centró su mensaje en la esperanza, la renovación espiritual y el sentido permanente del bautismo en la vida cristiana.

Vigilia Pascual, Obispado
Vigilia Pascual / FUENTE: Obispado

La comunidad católica angelina vivió la noche del sábado una de las ceremonias más significativas del calendario litúrgico con la celebración de la Vigilia Pascual en la Catedral de Los Ángeles.

La ceremonia fue presidida por el obispo de la diócesis, Cristian Castro, quien entregó un mensaje centrado en la esperanza, la renovación espiritual y el sentido permanente del bautismo en la vida cristiana.

La liturgia, que conmemora la Resurrección de Jesucristo, reunió a fieles de distintos sectores de la comuna en una jornada cargada de recogimiento, simbolismo y fervor religioso.

La Vigilia Pascual es reconocida por la Iglesia como la celebración más importante de Semana Santa, al constituir el momento en que se anuncia con solemnidad la victoria de Cristo sobre la muerte, núcleo esencial de la fe cristiana.

Durante su homilía, el obispo centró su reflexión en la renovación de las promesas bautismales, uno de los signos más relevantes de esta celebración.

En ese contexto, recordó que no se trata solo de un gesto ritual, sino de una reafirmación concreta del compromiso de fe de cada creyente.

"Todos nosotros renovaremos nuestras promesas bautismales", expresó, subrayando que este momento convoca a la comunidad entera a reencontrarse con el sentido profundo de su bautismo.

En esa misma línea, el prelado fue enfático en señalar que el bautismo no puede entenderse como un hecho lejano o meramente administrativo.

"El bautismo no es un trámite del pasado", afirmó, agregando que "mucho más que eso, el bautismo siempre lo estamos actualizando", en una clara invitación a comprender la fe como una experiencia viva que se renueva en cada etapa de la vida.

La autoridad eclesiástica profundizó además en la dimensión personal de la Pascua, explicando que la Resurrección de Cristo también debe ser asumida como una transformación interior para cada fiel.

En ese sentido, sostuvo que "renovamos nuestras promesas bautismales, que es renovar también nuestra propia Pascua. La Pascua personal. La Pascua de Cristo es también mi propia Pascua", vinculando el acontecimiento central del cristianismo con la experiencia cotidiana de las personas.

Uno de los conceptos más destacados de su mensaje fue la identidad cristiana que brota del bautismo. "Es nuestra credencial de cristianos", afirmó, reforzando la idea de que la vida de fe se sostiene en esa primera alianza con Cristo y en la vocación a vivir conforme al Evangelio.

La homilía también estuvo marcada por un fuerte llamado a rechazar la desesperanza. En uno de los pasajes más enfáticos de su intervención, el obispo señaló que "renovar entonces el bautismo en esta noche significa decirle no a pensar o a creer que el mal tiene la última palabra", añadiendo con claridad: "No podemos pensar así".

Con ello, subrayó que la Pascua es una respuesta directa frente al dolor, el temor y las experiencias de oscuridad que puedan atravesar las personas.

En esa misma línea, destacó la fuerza transformadora de Cristo resucitado, al expresar que "sí decimos al Señor y a su luz transformadora", agregando que "incluso cuando el mundo parece estar en una densa oscuridad, vuelve a surgir Cristo el Señor".

El mensaje estuvo orientado a reforzar la confianza en la Resurrección como signo de esperanza y de renovación espiritual, incluso en contextos adversos.

Junto con ello, invitó a la comunidad a dar señales visibles de su identidad cristiana en cada espacio de la vida social. "Donde estemos, que se note que somos cristianos porque llevamos en nuestro interior la luz de la nueva vida en Cristo", manifestó, reforzando el carácter público y transformador del mensaje evangélico.

En la parte final de su homilía, el obispo resumió el núcleo del mensaje pascual con una afirmación cargada de simbolismo: "La piedra ha sido removida. El pecado y la muerte ya no tienen poder definitivo sobre nosotros".

Asimismo, llamó a los fieles a asumir con convicción el anuncio de la Resurrección, señalando que "hagámoslo con la convicción de que somos testigos de la resurrección".

La celebración concluyó con la proclamación conjunta de la asamblea: "¡Verdaderamente ha resucitado el Señor! ¡Aleluya!", cerrando así una jornada de profunda significación religiosa para la comunidad católica angelina.

De esta manera, la Vigilia Pascual en la Catedral de Los Ángeles volvió a consolidarse como el momento litúrgico más importante de Semana Santa para la Iglesia local, dejando como mensaje central la renovación de la fe, la confianza en la Resurrección y el llamado a llevar el Evangelio a cada ámbito de la vida cotidiana.




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