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Identidad

Duby Amaya y la perseverancia por mantener la tradición palomera

Comenta que el mejor período de ventas se presenta durante Fiestas Patrias, “en los desfiles y las ramadas oficiales, tanto en radio urbano como en zonas rurales".


 Por Glenda Ahumada

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Duby Amaya Muñoz, es oriunda de Cabrero, pero hace más de 35 años vive en Los Ángeles junto a su esposo y dos hijos “él me trajo para acá”, comenzó contando la maestra de las palomitas. Es dueña de un carrito hace 30 años.

Sobre la ubicación de su fábrica móvil de palomitas Duby dijo que “antes estuvimos en diferentes lugares, antes éramos ambulantes así que recorríamos diferentes lugares de la ciudad, pero ahora nos han dado un lugar específico para vender, el mío es en el cementerio general.

La idea de vender palomitas, según contó emocionada, nació de una necesidad, por haber sido madre muy joven, no tener estudios, circunstancias de la vida. Las palomitas me ayudaron a salir adelante, antes trabajé de empleada, entonces estaba todo el día en una casa, después llegaba a la mía a hacer lo mismo.

Según el relato de Duby, el carrito no fue inicialmente un emprendimiento, sino que, “un día apareció una persona que prácticamente me rogó que le comprara el carro y yo decía: Pero qué hago, dónde vendo, qué vendo, pero lo hice y desde ahí no paré, donde voy vendo”, detalló. Comentó que en el rubro trabajan más mujeres que hombres.

Respecto a la apreciación de las personas sobre su trabajo y lo que vende, considerando de que hay cadenas multinacionales que comercializan el mismo producto de Duby, mencionó que “yo creo que a mí me beneficia la calidad, la gente me busca gracias a Dios, siempre trato de hacerlo bien, que sea todo rico y fresco, yo creo que eso me ha mantenido”.

Con relación al público que más consume el bocadillo que prepara Duby, dijo que “yo veo que siempre han sido los adultos mayores, ellos siempre andan buscando lo que llaman “la chivita”, porque ellos le cambian el nombre, pero en igual cantidad diría que la familia en general”.

Respecto de la crisis sanitaria señaló que fue más bien positiva que negativa para su negocio, y también para su clan familiar, indicando que “gracias a Dios trabajamos tanto que no se notó económicamente, y en lo personal, la pandemia nos ayudó, porque tuvimos más tiempo para estar juntos, de los 30 años que trabajamos con mi esposo en esto, muy pocas veces habíamos estado juntos una Navidad, un Año Nuevo, todo lo que son fiestas en familia y para la pandemia si lo hicimos”, contó sonriente Duby.

FIESTAS PATRIAS

Sin duda alguna, para Duby la fecha en que mejor le va con su venta de palomitas es en Fiestas Patrias, aseguró que “en los desfiles y las ramadas oficiales, tanto en radio urbano como en zonas rurales.

Es clásico el carrito de palomitas, en la ciudad, en época de fondas y ramadas y eventos festivos.

Durante dos años, por motivos de la pandemia, no pudieron celebrar el aniversario del sindicato, evento donde regalaban 2000 bolsas de palomitas de maíz y 1000 algodones de azúcar a los asistentes, pero pretenden el próximo año, con mejor planificación retomar este tradicional acontecimiento que entretenía a cientos de personas, donde se cerraba la calle Colón y venían grupos de folclore. Antes, la actividad se realizó por cinco años.

Duby contó que los mejores meses de venta se concentran en el periodo de agosto a diciembre complementando que “después en pleno verano hace mucho calor por lo que la gente busca más un helado, cosas más frescas, pero las palomitas son algo permanente” y agregó que “no quiero ser arrogante, pero para mí no hay días malos, gracias a Dios donde me pongo vendo y también siempre he dicho que mientras yo salve el día es suficiente”.

Al ser consultada sobre si dejaría el negocio de las palomitas, Duby afirmó muy entusiasta que no, y añadió que “estaba pensando y creo que no he querido dejar el negocio de las palomitas, no puedo decir nunca porque nadie está libre pero las palomitas son algo que me gusta, siento que nací para vender”.

“A mí me visitan niñitos que conozco de muy pequeños, y ahora tienen 15 o 16 años, universitarios me dicen: “Tía, yo la conozco de cuando me traían a comprar palomitas”, expresó orgullosa.

Asimismo, declaró que lo que más le gusta de su trabajo es atender al público, “sobre todo a los niños, no me molesta que toquen las cosas, que elijan, o los adultos mayores, a veces les cuesta preguntar, se me da muy bien la relación con los compradores”, relató.

Todos los días se levanta muy entusiasmada a las seis de la mañana, no hay quejas, según expuso, “siempre hay cosas que hacer”, complementa.

Ella en particular siempre ha sido una vendedora independiente, pero desde hace poco pertenece al Sindicato de Palomeros de Los Ángeles, donde junto a once comerciantes de palomitas de maíz.

Con la alianza de vendedores, han obtenido beneficios por parte del municipio angelino, y de acuerdo señaló Duby, “todos los integrantes pagan sus permisos, por eso estamos agradecidos, “porque estuvimos muchos años corriendo con los carritos a todos lados y un día llegó una persona que dijo que nos iban a ayudar en establecernos”.

Las palomitas son algo típico de la ciudad de Los Ángeles, y la vendedora confesó que “yo creo las palomitas son algo que va a todos lados, a todos les gustan las palomitas, los carritos son típicos, y somos queridos por la gente”, agregó Duby.

Por último, envió un mensaje de agradecimiento “a todas las personas que me compran, que me conocen hace muchos años, quiero darles las gracias porque gracias a ellos, mi público, tengo lo que tengo”, finalizó.


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