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Equidad de Género

A 100 años de primer gran hito en la historia del feminismo en Los Ángeles

La revista Liberación, publicada en el taller literario del Liceo de Niñas, se publicó por primera vez en mayo de 1922. Fue un espacio donde se plantearon temas de equidad de género.


 Por Juvenal Rivera

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Hace recién un siglo, las mujeres no tenían derecho a voto. La sociedad de ese tiempo otorgaba dicho privilegio exclusivamente a los hombres, que podían aspirar a trabajos o espacios de poder.

Básicamente, a la mujer se le relegaba a las labores domésticas, así como de cuidado y crianza de los hijos, por considerársela como la más propia y adecuada a ellas. Nada más se les permitía.

Es que en aquellos años se argumentaba que las mujeres no tenían capacidad intelectual suficiente para reflexionar y opinar de manera autónoma y libre de sentimentalismos en ámbitos que fueran distintos a los propios del hogar.

Como gran cosa, algunas lograron educarse y ser profesionales. Pero solo eran excepciones que servían para confirmar una regla que se venía cumpliendo invariable hace muchos siglos.

En medio de ese escenario, en mayo de 1922 en Los Angeles, sucedió un hecho que se puede catalogar de histórico y extraordinario: ese mes vio la luz el primer ejemplar de una revista que perfectamente podría catalogarse como un primer atisbo de feminismo en una sociedad local caracterizada por su profundo conservadurismo.

El nombre de la publicación no podía ser más sugerente: se llamaba Liberación y surgió al alero del Liceo de Niñas de nuestra capital provincial.

Se trató de una publicación mensual cuyas redactoras fueron alumnas de quinto año de humanidades que, a su vez, eran parte de la Academia Literaria de ese mismo recinto educativo fundado en 1902.

La revista surgió en paralelo de publicaciones periódicas femeninas similares, de corte literario, como la Revista de Valparaíso o La Mujer de Curicó, además de las aparecidas en la capital provincial.

La publicación (escrita con el alfabeto de Andrés Bello por el uso de las “i” en vez de las “y”, por ejemplo) fue el espacio para que las jóvenes pudieran expresarse desde el punto de vista de las creaciones literarias así como también de sus asuntos cotidianos.

Sin embargo, en sus páginas se dejaba entrever la simiente del feminismo, aún en una etapa muy germinal. Así se observa, por ejemplo, en la conversación con Rosario Uribe, esposa de Fortunato de la Maza, a la sazón, intendente de la provincia de Biobío.

Después de platicar sobre distintos aspectos de la educación de las jóvenes, se le consulta sobre los proyectos presentados en el Congreso para conceder derechos civiles a la mujer en condición análoga a los del hombre. Rosario Uribe responde: “estos proyectos han merecido la adhesión entusiasta de la mujer chilena i así lo hemos visto con agrado en la prensa de Santiago en donde, según se sabe, existe una Liga de Damas Chilenas que trabaja incansablemente en obtener estas anheladas conquistas”.

Pero no se queda ahí. La esposa de quien era la máxima autoridad en la zona agrega: “la mujer ante la lei está en condiciones deprimentes i creo y que al amparo de esta situación ha habido hombres y casos que nos hablan de injusticias irritantes i de verdaderos latrocinios”.

En un artículo titulado “Cultura Femenina”, firmado bajo el seudónimo seudónimo Forget Me No, se enfatiza que “la mujer moderna puede i debe llegar a ser la compañera ideal del hombre en iguales condiciones ante la lei y la sociedad”. Incluso, espeta: “La ignorancia en la mujer es lo que constituye todos sus males (…). Por lo tanto, instruyámosnos y trabajemos, entonces se verá la fuerza de nuestro empuje”.

Durante mayo y septiembre de 1922, sus páginas se nutrieron de poemas, entrevistas, artículos de opinión, recortes de la prensa nacional, datos prácticos, homenajes a docentes, incluso hasta de un concurso de belleza entre las alumnas. Después, volvería a aparecer en 1928 y un par de veces en 1931.

En uno de esos números, aparece un artículo firmado por Carlos Acuña Muñoz. Sus palabras son severas para frenar cualquier intento emancipador expuesto en la revista “Liberación”. Es una suerte de advertencia.

“Si las finalidades de la Academia Liberara “Inés Echeverría de Larraín son el cultivo de la belleza y todo ideal de bien, es indudable que no tendrá ningún propósito feminista, como pudiera hacerlo creer el título de la revista que publica”, advierte de entrada aquel columnista.

A renglón seguido, añade que “una prédica errada ha venido soplando al oído de la mujer la palabra: ‘emancípate…’ ¿Y de quién? A todas luces, del hombre. Mirando al hombre como rival en la vida, ha ocurrido el fenómeno de que la mujer de esté empeñando en borrar las diferencias que la distinguen del otro sexo, entablando lucha abierta con él en las profesiones, oficios y ocupaciones que antes solo correspondían al hombre”.

Pero eso no es todo: “Pretendiendo emanciparse el hombre, la mujer va lentamente al olvido de sus deberes humanos y sociales, rompe el nudo de la pareja impuesto por la especie y desquicia la familia que es la piedra fundamental de la sociedad”.

Después de edulcoradas palabras sobre el género femenino, se lanza en picada de nuevo contra el feminismo que quien cataloga no solo como “enemigo de la mujer y el hombre, sino que de la humanidad”, al paso que recomienda que “las jóvenes de hoy, que son la esperanza y la poesía del mundo, no deben consentir en que les sean arrebatadas las cualidades que siempre han distinguido a su sexo”.

La revista vio el final de sus días desde aquella publicación que antes solo conocía de voces femeninas.

Mucha agua debió correr bajo el puente desde aquel mayo de 1922 para que la mujer tuviera derechos. En 1934 se aprobó el voto femenino pero circunscrito solo a las elecciones municipales. En 1949 se concedió el derecho a voto pleno para sufragar en los comicios presidenciales y parlamentarios.

Recién 30 años después, en 1952, las mujeres participaron por primera vez en la elección presidencial.


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