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Equidad de Género

Roxana Espinoza, matrona: “La atención primaria me robó el corazón”

Tras acogerse a retiro, la profesional de la atención primaria contó su historia en el box de atención y lo gratificante de la atención de pacientes.


 Por Claudia Fuentes

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El sueño inicial de Roxana era estudiar Odontología, pero quedó en Obstetricia, de lo cual no se arrepiente. Corría el año 1978. “Yo siempre tan responsable, hija de profesores, tenía que cumplir con el deber, entonces la imposición que yo misma me puse fue no reprobar nunca un ramo y terminar la carrera en los años correspondientes”.

Tras terminar Obstetricia, dio la Prueba de Aptitud Académica (PAA) y quedó en Odontología. “Estuve un año, me fue bien, pero decidí que me gustaba más lo que había estudiado primero. Así que dejé, fui a devolver mis huesitos y me quedé en Obstetricia”.

En sus primeros años de ejercicio profesional trabajó para el plan de expansión laboral vigente en la época. Allí estuvo por 5 años, hasta que finalmente la contrataron bajo las condiciones actuales. Cuando se construyó el consultorio Norte (actual Cesfam) fue la primera matrona en llegar, junto con María Angélica Silva.

“Yo opté por trabajar en atención primaria, una, por razones familiares, porque me acomodaba no tener turnos en el hospital; y a lo mejor tampoco había instancia de trabajar en otra cosa, en ese momento. Me quedé en atención primaria y la verdad es que me robó el corazón porque siempre me ha gustado estar súper cercana a la gente. Hasta el día de hoy –afortunadamente- mi carácter no ha cambiado, no me he puesto mañosa con la gente y todavía tengo empatía por los que me rodean y por los pacientes”.

Agradece el poder haber hecho de todo un poco. Atención en box, talleres educativos, talleres de piso pélvico, trabajo comunitario, coordinadora del Cecosf Las Azaleas, jefa de programa y dirigente gremial, fueron algunos de los roles cumplidos, además de “guitarrear”, bailar y disfrazarse, cada vez que la situación lo ameritó. 

“Voy a extrañar a mis pacientes, siento que algo hacía por ellas, siempre me agradecían. En algún momento de mi vida quise ser monja, así que siempre he tenido presente el querer ayudar. A ellas las voy a echar de menos, ya voy en la tercera generación, estoy viendo a las nietas de aquéllas que les controlé su embarazo”.

A quienes quedan les recomienda nunca perder la humanidad de la atención, hacerse el tiempo para escuchar y no olvidar que si alguien viene al Cesfam es porque lo necesita.

Roxana se irá vivir al campo y planea trabajar un par de días a la semana en el ámbito privado, tampoco descarta realizar clases, como una manera de paliar la merma económica que se avizora. Ad honorem seguirá yendo a colaborar al Sename, algo que le llena el alma.

Junto a su marido Jaime, a su hija Daniela –madre de los pequeños Antonio y Laura- y a su hijo Felipe, siguen siendo “súper apatotados”. Aunque ya no viven juntos se reúnen casi cada fin de semana. “Soy muy afortunada porque formé una familia hermosa, a la que quiero entrañablemente y que sé que me quieren mucho, mucho”, concluye.

Revisa su historia acá:

Video gentileza DCS Los Ángeles

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