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Educación

Las cuatro “p” de la Educación Superior

Una nostálgica PAA, la permanente PSU, una transicional PDT y la aparición sorpresiva de PAES. Cuatro pruebas que, a su manera, definieron históricamente el futuro de cientos de estudiantes cada año. Son precisamente ellos, quienes se preparan para una nueva versión de estas, que hoy deciden compartir sus expectativas, pensamientos y opiniones.


 Por Sofía Meier

universitarios

Hace algunos meses, cuando el Ministerio de Educación y el DEMRE anunciaron la puesta en marcha de la Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES) como el nuevo método de acceso a la universidad, abundó la incertidumbre.

Especialmente en quienes, en aquel entonces, preparaban a su antecesora: la Prueba de Transición Universitaria (PDT).

La nueva evaluación, de acuerdo con declaraciones del Comité Técnico de Acceso, “busca generar un sistema más equitativo y con mayores oportunidades para acceder a la educación universitaria”.

Parte de las principales modificaciones incluyeron la eliminación de los puntajes nacionales, la división de la prueba de matemáticas entre obligatoria y específica, la extensión de la tabla de puntajes hasta los 1000 puntos y la priorización de las preguntas de aplicación por sobre las de memorización.

Dichas medidas buscan flexibilizar el proceso y de la misma forma, adecuarlo a las diferentes necesidades del estudiantado.

¿QUÉ PIENSAN LOS ESTUDIANTES?

A pesar de los cambios, esto no logró afectar el método de estudio de Pía Burgos. Egresó de enseñanza media a fines del 2021 de un colegio particular de la comuna y junto a su familia, decidió quedarse un año más en casa para poder estudiar debido a sus resultados: “No me alcanzó el primer año para entrar, preferí estudiar un año más antes que matricularme en otra carrera o bachillerato”.

Comenta también que decidió no tomar un preuniversitario pese al ofrecimiento de sus padres, ya que se está preparando de forma autónoma: “Me estoy preparando con materiales de internet y videos de Youtube. El año pasado me preparé de la misma forma y me di cuenta de que me la podía. Tengo mis propios tiempos, mis propios horarios. Lo bueno es que las preguntas son casi las mismas”.

En cuanto al sistema de admisión y sus implicancias, Pía Burgos reconoce algunas de las falencias del proceso, analiza el rol de su establecimiento educacional y el acceso a contenido: “Al prepararse, uno siempre tiene que practicar. Vas ganando habilidades que se van desarrollando, con la nueva prueba tienes que desarrollar este tipo de habilidades, ya no es solo memoria. Se estaban creando niños que sólo estudiaran temarios extensos, que te preguntaran algo específico de un libro de 45 temas, es claramente más difícil”.

Similar fue la experiencia de Leonor Videla, quien, a diferencia de Pía, sí decidió entrar a la universidad apenas egresó. Sus dudas surgen luego de cursar una asignatura enfocada en la psicología, que la motivó a congelar sus estudios y prepararse nuevamente para rendir la prueba de admisión. “El año pasado no di la prueba de historia y para lo que quiero estudiar, la necesito. Pero de todos modos las daré todas de nuevo” comentó.

Preparándose desde casa, Leonor comenta que cuenta con un espacio propio de estudio, en donde realiza ensayos de forma remota a través de sitios como Puntaje Nacional, reforzamientos gratuitos y a la vez, destaca en rol de sus antiguos profesores en su método. “Como estábamos en pandemia, yo prefería prepararme desde mi casa en lugar de un preuniversitario. Yo no tengo mala base, en mi colegio durante el segundo semestre los profesores se dedicaron exclusivamente a ayudarnos, pero matemática es la materia que más me cuesta. Pero que mi profesor haya hecho el repaso y más encima una clase extra, hizo que lograra llenar esos vacíos de contenido porque estuvimos en pandemia o en el estallido social”.

Agustina Zapata es una estudiante de 4to medio que vivió en carne propia la transición de PDT a PAES. Cambio que le hizo plantearse varias interrogantes referentes a su futuro, sobre todo, en cuanto a asistir a un preuniversitario o no. “En un principio, quería tomar preu porque todos mis amigos iban a tomarlo, pero mis papás me dijeron “tu colegio tiene buena base, es un buen colegio ¿segura que quieres estar en un preuniversitario?, y yo pensé “quizás no”, porque me iba a quitar mucho tiempo y podía ser muy estresante. Y también era bastante caro”.

Otro de los aspectos que Zapata destaca, es el descubrimiento de lugares de estudio como la Biblioteca Municipal, que han logrado modernizar el aprendizaje y al mismo tiempo, dinamizarlo: “Me di cuenta de que mucha gente iba y yo recién me estaba incorporando, ¿Qué mejor que un lugar donde tienen Wi-Fi gratis? Sobre todo, porque muchos de mis ensayos los obtenía a través de códigos QR.

En cuanto a su salud mental, Agustina confiesa que ha sido un tema complejo para ella y su círculo social más cercano, “Es un proceso largo, estresante. Sinceramente no la he pasado muy bien. Pero la mayoría de mis amigos está en la misma, más aún en esta época octubre-noviembre. Considero que estudiar es un privilegio, da ansiedad entrar a la universidad, el conseguir cierto puntaje, no saber cómo te va a ir en la prueba, afecta muchísimo”.

LA OTRA CARA DE LA MONEDA

Si bien este proceso ha sido complejo para quienes rinden la evaluación, de la misma forma ha generado dificultades para los docentes. Muchas de estas historias se desarrollaron en plena pandemia, como es el caso de Rogers Astete Contreras, quien inicia un proyecto de preuniversitario “PreU Personalizado” en 2016.

Actualmente cuenta con profesores de amplia experiencia todas las áreas de la prueba y debió experimentar, durante el 2020 y 2021, la preparación de alumnos bajo una modalidad remota y restringida.

“No estaba acostumbrado a realizar clases online y ellos tampoco, pero comparo la situación con lo que sucedía en un colegio, en donde los chiquillos por ejemplo, si la mayoría se conectaba en caso de tener los recursos, no había cámara, no había participación. Pero acá pasaba algo totalmente distinto, se conectaban, abrían su cámara, preguntaban y a lo mejor, uno de los factores que ayudó también era el reducido número de alumnos que yo tenía. Yo trabajo con un máximo de 8 a 10 alumnos”, confiesa recordando los primeros meses de clases en línea.

Astete reflexiona acerca el rol de los alumnos dentro y las dificultades que se presentaron en el normal funcionamiento educacional: “Venían a clases, pero sin el concepto previo. Se supone que un preu es un sistema de refuerzo, de estrategia, de técnicas para trabajar un ejercicio, pero sin embargo había que partir de cero. A pesar de eso ha sido un año bastante positivo, este año por ejemplo se incorporaron personas ya egresadas. Antiguamente se trabaja con alumnos solamente de la promoción”.

En cuanto a las diferencias de contenido entre subvenciones de los establecimientos educacionales, Rogers Astete hace hincapié en su búsqueda de nivelación: “No hago discriminación, realizo siempre una entrevista con los padres y con los estudiantes. Y si somos capaces de hablar el mismo idioma, entonces que entre. A lo mejor parten con una brecha muy distinta, un delta tremendo. En promedio un chiquillo de un colegio privado tenía 580, que es bastante bueno. Pero niños de un sistema municipal, llegaban a 350 puntos. Pero en el transcurso del tiempo esa brecha se hace cada vez más pequeña, potenciando a quienes están más débiles y equiparándolos”.

Si el estudiante debe ser protagonista de su propio aprendizaje, es el mismo sistema el que debe responder ante las necesidades específicas de cada uno o del aula en sí. El sinnúmero de transformaciones existentes en la educación tiene como objetivo priorizar estas necesidades, que logran que cada vez más estudiantes tengan la posibilidad de formar parte de la educación superior. El rol docente toma partido, volviéndose un guía de las diversas maneras de aprender de quienes serán los profesionales del futuro. Hoy PAES se transforma en un medio, con el mero fin de otorgar oportunidades.


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