Editorial

Un llamado que puede salvar una vida

SAMU, Archivo La Tribuna
SAMU / FUENTE: Archivo La Tribuna

En una emergencia médica, unos pocos minutos pueden separar una atención oportuna de consecuencias irreversibles. Accidentes cerebrovasculares, infartos, paros cardiorrespiratorios, accidentes de tránsito y otras situaciones críticas requieren de una respuesta capaz de activarse con rapidez, pero también de evaluar correctamente qué necesita cada paciente.

Esa es la tarea que diariamente desarrolla el Servicio de Atención Médica de Urgencia (SAMU) en la provincia de Biobío. Una red integrada por cerca de 150 funcionarios y 15 ambulancias recibe entre 120 y 150 llamadas cada día, aunque solo unas 30 a 40 terminan en el despacho de un móvil.

La diferencia entre ambas cifras permite comprender algo que no siempre resulta evidente: llamar al 131 no significa solicitar simplemente una ambulancia. Significa activar un sistema de emergencia en el que operadores y profesionales deben recoger antecedentes, evaluar la gravedad de cada situación, priorizar y determinar la respuesta más adecuada.

Por eso, el buen funcionamiento de este servicio no depende únicamente de disponer de ambulancias, equipamiento o personal capacitado. También requiere que la comunidad comprenda cuál es la función de este servicio y haga un uso responsable de él.

Una llamada realizada ante una situación que no constituye una emergencia ocupa tiempo y capacidad de evaluación de un sistema que, en ese mismo momento, puede estar enfrentando una emergencia de riesgo vital.

Esto no significa, por cierto, que una persona deba abstenerse de llamar cuando enfrenta una situación que considera grave por temor a equivocarse. Precisamente para eso existe la regulación médica: para evaluar los antecedentes y determinar la respuesta. Lo importante es entender que el 131 es un número destinado a emergencias y no una alternativa de traslado o atención para situaciones que pueden resolverse por otras vías de la red de salud.

Al mismo tiempo, la responsabilidad ciudadana no puede reemplazar la necesaria discusión sobre cómo seguir fortaleciendo el sistema. La mirada de especialistas plantea desafíos que merecen atención, entre ellos la posibilidad de contar con ambulancias medicalizadas para situaciones de alta complejidad y avanzar hacia una mejor coordinación entre SAMU, Bomberos y Carabineros cuando una misma emergencia requiere la intervención simultánea de distintos organismos.

Son discusiones necesarias para seguir evolucionando a la par de las necesidades de cada uno de los territorios y su gente. Por eso, medir los tiempos de respuesta, conocer los horarios de mayor demanda, anticipar requerimientos y evaluar dónde deben estar disponibles los equipos son herramientas fundamentales para aprovechar de mejor manera recursos que, por definición, son limitados. El SAMU constituye una pieza vital de nuestra red sanitaria y su fortalecimiento debe ser una preocupación permanente. También debemos contribuir a cuidarlo.

Usar responsablemente el 131 es parte de esa tarea, porque mientras una llamada es evaluada o una ambulancia está en camino, en algún punto de la provincia puede haber una persona para quien, literalmente, cada segundo, cuenta.

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