Editorial

Cuando los recursos dejan de ser cifras

Bomberos Mulchén, Archivo La Tribuna
Bomberos Mulchén / FUENTE: Archivo La Tribuna

Hay noticias que adquieren una dimensión distinta cuando se observan desde donde vivimos. La aprobación, por parte del Consejo Regional del Biobío, de nuevos recursos para la reposición del cuartel del Cuerpo de Bomberos de Mulchén y para la construcción de una nueva Posta de Salud Rural en Coihue, comuna de Negrete, es una de ellas.

Ambas iniciativas tienen algo en común: responden a necesidades que las personas conocen desde hace años y que, por distintas razones, han debido esperar para transformarse en soluciones concretas.

En Mulchén, la aprobación de más de $600 millones adicionales permite avanzar en un proyecto que ahora supera los $2.900 millones de inversión. Se trata de reponer un cuartel con más de seis décadas de antigüedad, que además sufrió daños producto del terremoto y cuya infraestructura ya no responde adecuadamente a las necesidades de una institución fundamental para la comuna.

No es solo la construcción de un nuevo edificio. Es entregar mejores condiciones a quienes, muchas veces en circunstancias adversas, son los primeros en acudir cuando una emergencia afecta a una familia, un barrio o una comunidad completa.

Algo similar ocurre en Coihue. La reposición de su posta rural, con una inversión superior a los $1.100 millones, permitirá contar con un establecimiento acorde con las actuales exigencias de atención primaria y, especialmente, trasladarlo desde un emplazamiento que presenta condiciones de riesgo por su cercanía con las líneas férreas.

Aquí la inversión pública adquiere otra dimensión: no solo se trata de mejorar metros cuadrados o infraestructura, sino de generar un espacio más seguro para usuarios, funcionarios y equipos de emergencia.

Por eso, cuando los recursos llegan a lugares donde han sido largamente esperados, el impacto va mucho más allá de una cifra presupuestaria. Significa que una comunidad puede disponer de un servicio de salud más seguro y cercano; que Bomberos puede desarrollar su labor en mejores condiciones; que funcionarios y usuarios pueden contar con espacios adecuados y que una comuna puede avanzar en infraestructura que responde a su realidad.

También hay una responsabilidad detrás de estas decisiones. Aprobar recursos es solo una parte del proceso. El desafío siguiente es que los proyectos avancen, que las licitaciones se concreten y que las obras puedan materializarse dentro de los plazos previstos. La comunidad espera resultados y tiene derecho a conocer cómo evolucionan iniciativas que han sido respaldadas con recursos públicos.

Mulchén y Coihue muestran, desde sus propias realidades, que la descentralización no puede quedarse únicamente en un concepto. Debe expresarse en decisiones que permitan que las personas, independiente del lugar donde vivan, puedan acceder a infraestructura pública digna, segura y acorde con sus necesidades.

Porque detrás de cada proyecto hay algo más importante que una cifra: hay personas esperando. Y cuando la inversión pública logra responder a esas esperas con obras concretas, también contribuye a fortalecer la confianza de las comunidades en sus instituciones y en el desarrollo de sus propios territorios.

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