Editorial

Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía

Sequía en Bío Bío, Cedida
Sequía en Bío Bío / FUENTE: Cedida

Cada 17 de junio, el mundo conmemora el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, una fecha impulsada por las Naciones Unidas para recordar que la degradación de los suelos y la escasez de agua no son problemas lejanos ni exclusivos de regiones áridas. Son desafíos que avanzan silenciosamente y que hoy golpean con fuerza territorios que históricamente parecían inmunes a ellos.

La provincia de Biobío y gran parte de la región enfrentan una señal de alerta que debemos mirar. Los últimos registros muestran déficits de precipitaciones que superan el 50% en distintas estaciones de monitoreo, una acumulación de nieve prácticamente inexistente en la cordillera y un Lago Laja que apenas alcanza un 16% de su capacidad. Son cifras preocupantes por sí mismas, pero más inquietante aún es lo que representan: la disminución de las reservas que sostienen el consumo humano, la agricultura, la generación energética y buena parte de la actividad económica del territorio.

Durante décadas, la discusión sobre la sequía estuvo asociada principalmente a las regiones del norte y centro del país. Sin embargo, los efectos del cambio climático han modificado ese mapa. Hoy, la escasez hídrica se ha instalado también en el sur, demostrando que ninguna zona está exenta de un fenómeno que combina menos precipitaciones, temperaturas más altas y una creciente presión sobre los recursos naturales.

Por eso, esta fecha internacional debe ser mucho más que una conmemoración simbólica. Debe servir para reflexionar sobre la urgencia de avanzar en una gestión hídrica moderna y capaz de anticiparse a las crisis; donde se proteja las cuencas, se recuperen los ecosistemas degradados y se use eficientemente el agua; con una fuerte inversión en infraestructura de almacenamiento y educación ambiental de acuerdo a los desafíos de mediano y largo plazo.

La desertificación y la sequía suelen avanzar sin la espectacularidad de otras emergencias. No generan imágenes impactantes de un día para otro, pero sus consecuencias son profundas y duraderas. Cuando desaparece el agua, disminuye la productividad, aumentan los costos, se deterioran los ecosistemas y se reducen las oportunidades de desarrollo para las comunidades.

Este 17 de junio, la lucha contra la desertificación y la sequía ya no es una causa global distante. Es una tarea local, urgente y compartida donde no podemos olvidar, que hoy la falta de agua en la cordillera puede ser el problema que mañana golpee con fuerza nuestras ciudades, nuestros campos y nuestra calidad de vida.

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