Editorial

"No es broma, es violencia"

no violencia, escultura, tiroteo, Pixabay
no violencia, escultura, tiroteo / FUENTE: Pixabay

Las recientes suspensiones de clases y alertas preventivas registradas en distintos establecimientos del país han vuelto a instalar una preocupación que crecía silenciosamente en las comunidades escolares: la normalización de amenazas y mensajes violentos difundidos a través de redes sociales. Detrás de muchos de estos episodios aparece el llamado reto viral "Mañana tiroteo", una peligrosa dinámica digital basada en el anonimato, la búsqueda de validación y la escasa conciencia sobre las consecuencias reales de estos actos.

Lo inquietante es que, aunque muchas veces estas amenazas no tengan una intención concreta de ejecutar violencia, sí provocan efectos reales. Generan miedo, ansiedad, desconfianza y alteran profundamente la vida escolar. La suspensión de clases, el despliegue policial y la angustia de familias, estudiantes y docentes son prueba suficiente de que no existe nada inocente en este tipo de conductas.

En ese contexto, iniciativas como la campaña "No es broma, es violencia", impulsada por el Liceo Industrial Samuel Vivanco Parada de nuestra ciudad, adquieren un valor muy relevante. Porque lejos de limitarse únicamente a sancionar o reaccionar frente a los hechos, el establecimiento decidió enfrentar el problema desde la prevención, la educación y el trabajo comunitario.

El mensaje es claro y necesario: cualquier acción que altere la tranquilidad y la convivencia escolar constituye violencia, incluso cuando algunos adolescentes intenten justificarla como una simple "broma". Comprender aquello resulta fundamental en una época donde las redes sociales amplifican conductas impulsivas y donde muchas veces el impacto emocional queda invisibilizado tras una pantalla.

También es destacable que el liceo haya incorporado a los propios estudiantes en esta tarea. El trabajo desarrollado a través del taller de periodismo escolar demuestra que los jóvenes no solo pueden ser receptores de mensajes preventivos, sino también protagonistas de los cambios culturales que hoy se requieren. Que sean ellos quienes generen contenidos positivos, promuevan el respeto y contribuyan a fortalecer la identidad de su comunidad educativa es una señal esperanzadora.

Durante demasiado tiempo, muchos establecimientos han debido cargar con estigmas asociados a violencia, inseguridad o conflictividad. Sin embargo, experiencias como esta recuerdan que detrás de cada colegio existen comunidades enteras esforzándose por recuperar espacios seguros y humanos para aprender. Y ese trabajo no puede recaer únicamente en directivos o inspectores: requiere del compromiso de familias, docentes, estudiantes y también de la sociedad.

Educar no consiste solo en transmitir conocimientos técnicos o académico, sino que implica enseñar empatía, responsabilidad digital, convivencia y respeto por los demás. En definitiva, formar personas capaces de comprender que una amenaza viral nunca será un juego cuando pone en riesgo la tranquilidad y la salud emocional de toda una comunidad.

La campaña del Liceo Industrial de Los Ángeles deja una lección que trasciende sus aulas: convivir en paz también se aprende. Y en tiempos donde las redes sociales muchas veces banalizan la violencia, ese aprendizaje se vuelve más urgente que nunca.

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