Editorial

Ilegalidad cotidiana en las calles de Los Ángeles

Más de 300 infracciones y cuatro detenidos: carreras clandestinas en Los Ángeles, Diario La Tribuna
Más de 300 infracciones y cuatro detenidos: carreras clandestinas en Los Ángeles / FUENTE: Diario La Tribuna

La reciente difusión en canales de televisión nacional de las carreras clandestinas en avenida Las Industrias de Los Ángeles ha vuelto a poner sobre la mesa una realidad incómoda y persistente: estamos frente a una problemática antigua, conocida por autoridades y vecinos, que pese a los operativos, las cifras y los anuncios, sigue sin una solución de fondo. Que hoy el tema aparezca en los noticiarios no lo convierte en un fenómeno nuevo, sino que solo confirma que el problema ha escalado hasta volverse imposible de ignorar.

Durante años, los residentes del sector nororiente han advertido sobre ruidos nocturnos, riesgos para la seguridad vial y un período de descanso deteriorado. Las carreras clandestinas no son una anécdota ni un simple desorden: son una actividad ilegal tipificada como delito que expone a peatones, conductores y a los propios participantes a consecuencias graves. Sin embargo, la reiteración de los hechos demuestra que la respuesta institucional, aunque constante, ha sido insuficiente para erradicar el fenómeno de manera efectiva.

Las cifras hablan por sí solas. Más de 300 infracciones cursadas en los últimos dos años, vehículos incautados, detenidos, operativos policiales y controles no han logrado disuadir a quienes, semana tras semana, vuelven a ocupar los mismos puntos de la ciudad. La acción policial tiene límites claros, especialmente cuando una persecución puede generar más peligro que prevención, y la investigación para identificar organizadores y responsables suele ser lenta y compleja. Esa combinación explica, en parte, por qué el problema persiste.

Pero reconocer esas limitaciones no puede transformarse en resignación. La visibilidad que hoy entregan los canales de televisión debiera ser una oportunidad —quizás la última antes de que ocurra una tragedia mayor— para pasar de la reacción a una estrategia integral. Esto implica coordinación real y sostenida entre municipio, policías, fiscalía y la Justicia, pero también decisiones más audaces en materia de prevención urbana, control tecnológico y sanciones efectivas que realmente desincentiven estas conductas.

Los vecinos tienen razón cuando afirman que la respuesta ha sido insuficiente. No basta con reforzar fiscalizaciones si, en la práctica, las carreras siguen ocurriendo. La cobertura mediática no debe diluirse en la contingencia ni agotarse en la indignación momentánea. Al contrario, debiera empujar a las autoridades a demostrar que esta vez sí existe voluntad de cerrar un capítulo que lleva años abierto.

Las carreras clandestinas son un síntoma de una ciudad que aún no logra hacerse cargo de ciertos focos de ilegalidad cotidiana. Mientras no se aborde con decisión y coherencia, seguiremos viendo el mismo libreto repetido: operativos, denuncias, titulares y, luego, nuevamente motores acelerando en la madrugada con el consiguiente peligro para nuestros vecinos.

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