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Mártires del fuego

por La Tribuna

Brigadistas en labor de combate / Archivo / La Tribuna

La tragedia nuevamente sacude con dureza a la comunidad forestal del país a raíz de la muerte de tres brigadistas que combatían un incendio en Trintre, comuna de Los Sauces. Entre ellos, Duban Alejandro Ignacio Olate Farías, de Yumbel, y José Luis Quezada Barra, de Millantú, que son la evidencia palpable del compromiso y valentía que hoy los convierte en mártires de una labor que no escatima en sacrificios. 

Duban Olate, a sus 22 años, había dedicado parte de su vida a servir como bombero voluntario en Yumbel Estación, demostrando una vocación temprana por proteger a los demás. Padre hace muy poco tiempo, su familia y compañeros lo recordarán como un joven carismático, cuya alegría marcó a todos los que lo conocieron. Por su parte, José Luis Quezada, de 44 años, acumuló dos décadas de experiencia como brigadista forestal. Su dedicación al trabajo y a su familia dejó una huella profunda en la comunidad de Millantú, que hoy lamenta su partida. 

Estos hombres se enfrentaron a un enemigo implacable: incendios forestales que, en segundos, pueden cambiar de dirección y cobrar vidas. Lo ocurrido en Trintre no es un hecho aislado; es un recordatorio de los riesgos inherentes a esta actividad, que en años anteriores también ha costado vidas humanas.

Si bien las condiciones extremas son parte de la labor de brigadistas y bomberos, la prevención es una responsabilidad compartida. La ciudadanía juega un rol clave para evitar que estos desastres ocurran o se agraven. Actos aparentemente insignificantes, como encender una fogata o desechar una colilla de cigarro, pueden desencadenar tragedias de gran magnitud. 

La legislación chilena sanciona con severidad las acciones negligentes o intencionadas que provoquen incendios forestales, pero estas medidas deben ir acompañadas de una conciencia colectiva. Es imperativo que las comunidades rurales, donde se concentran estos siniestros, estén educadas sobre cómo prevenirlos y cómo actuar en caso de emergencia. 

Además, las empresas forestales y las autoridades tienen la responsabilidad de reforzar la seguridad de quienes trabajan en el combate de incendios. Esto incluye capacitación continua, equipos adecuados y protocolos que minimicen los riesgos. La memoria de quienes han caído en el cumplimiento de su deber debe ser el acicate para mejorar las condiciones de trabajo y para evitar que otros corran la misma suerte. 

Hoy, más que nunca, se requiere un esfuerzo conjunto. El sacrificio de Duban, José Luis y Cristián Alexis Guerra Acuña no debe ser en vano. Su ejemplo es una invitación a reflexionar sobre el valor de quienes protegen nuestras tierras, a la vez que nos obliga a asumir nuestra parte en la prevención de incendios. 

El verano trae consigo condiciones propicias para los incendios: altas temperaturas, vegetación seca y, la inmensa mayoría de las veces, la irresponsabilidad humana. Es deber de todos transformar el dolor por estas pérdidas en acciones concretas que reduzcan el riesgo de nuevas tragedias. 

Duban, José Luis y Cristián ya son parte de la memoria colectiva de la región y del país. Su deceso legado no solo se mide por los incendios que ayudaron a apagar, sino también por la enseñanza de que la lucha contra el fuego es una tarea que nos involucra a todos. Como sociedad, tenemos el deber de honrar su sacrificio protegiendo nuestro entorno y previniendo los riesgos que puedan poner en peligro vidas humanas. Que su memoria nos inspire a ser más responsables y solidarios.

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