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Iberia en su peor crisis

por La Tribuna

Barra Iberia / Archivo La Tribuna

La opacidad se refiere a la cualidad de ser opaco, es decir, la propiedad de un material o sustancia de no permitir que la luz lo atraviese con facilidad. En términos más cotidianos, la opacidad es sinónimo de falta de transparencia o claridad en algo, ya sea en un objeto físico, una situación o un argumento. En el contexto de la comunicación, implica falta de claridad, honestidad o franqueza. Se suele decir que una organización opera con opacidad cuando sus acciones o decisiones no son transparentes o no fácilmente comprensibles para el público.

Ese concepto puede perfectamente definir a los controladores de Deportes Iberia, prácticamente desde el momento en que se hicieron cargo del club (hace poco menos de un año) y que sigue existiendo hasta la fecha, con los recientes - y cuestionables- sucesos que rodean su postulación a la Tercera A.

Hay que partir de un hecho cierto: Iberia era (y es) un club en crisis. La falta de inversionistas tuvo en ascuas su participación en el torneo 2023, hasta que apareció Andrés Silva quien habría gestionado recursos frescos con John Sol, un empresario de cuestionado paso por Deportes Vallenar. Al cabo, aquello no se concretó.

Pese a que en un principio, los nuevos controladores hablaron de una política de puertas abiertas a la comunidad con campaña de captación de socios, en los hechos se fue evidenciando una distancia cada vez mayor con la ciudad y con la hinchada. Su punto cúlmine fue cuando la dirigencia trasladó los entrenamientos a la capital para jugar en Los Ángeles solo en las fechas comprometidas por calendario.

Si se partió mal, lo que vino fue siguió peor. Porque el torneo 2023 ocurrió la paradoja que el club cumplía en cancha pero, a nivel dirigencial, sufrió la sucesiva pérdida de puntos por no cumplir con el pago de sueldos al plantel y cuerpo técnico. Esa situación a la postre, terminó condenando al equipo al descenso.

El club perdió la categoría y por más de dos meses no hubo palabra de los regentes del club que respondiera la más básica de las preguntas: ¿Iberia jugaría en Tercera A? Esa dio pie a todo tipo de temores, incertidumbres y conjeturas al punto que hinchas y ex dirigentes decidieron crear una corporación que salve la historia azulgrana, en el caso que la sociedad anónima no insista en mantener el club.

Desde el punto de vista institucional, la azulgrana es una marca. Nada más. No tiene cancha ni sede propia. Pese a tener más de 50 años en la zona, no tiene nada como patrimonio propio. Solo es un plantel y un cuerpo técnico con una camiseta y la letra I en el pecho. No es nada más.

Lo único que tiene Iberia son sus hinchas y la comunidad que representa. El resto del país identifica a esta zona con el club. Iberia es de Los Ángeles y de Biobío. Aunque su origen está en la capital, la azulgrana forma parte del acervo local.

En este proceso actual, en que se han destapado situaciones que incluso podrían ser reñidas con la ley, no se debe perder de vista esa raigambre que le hace sentido a nuestro territorio. Por más que nos pueda interesar o no el fútbol, la presencia de Iberia trasciende más allá de lo deportivo.

Aún falta que decanten los acontecimientos pero existe bastante certeza en que difícilmente el club vuelva los estadios en el 2024. En la peor crisis de la historia azulgrana, la receta para sacarlo a flote no es nueva. Varios clubes han vivido situaciones así en las últimas décadas. Serán los hinchas con las autoridades y empresarios comprometidos quienes hagan un esfuerzo para sacarlo a la institución adelante. No queda otro camino.

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