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Editorial

San Sebastián


 Por La Tribuna

La festividad religiosa de San Sebastián, en Yumbel, es una de las más importantes en el calendario católico de nuestro país. Cada 20 de enero, son miles y miles de hombres y mujeres que se desplazan desde distintos puntos del país hasta la ciudad santuario para cumplir la promesa con el santo o para solicitar su intercesión por alguna situación en particular.

Después de la peregrinación hacia el santuario de Lo Vásquez (en la ruta entre Santiago y Valparaíso), la de Yumbel es una de las más multitudinarias. De hecho, se estima que desde este miércoles hasta el domingo, con su peak en la jornada del viernes, debieran arribar más de 500 mil fieles que cumplirán con el rito que viene realizando desde fines del siglo XIX cuando la fama de San Sebastián comenzó a trascender las fronteras comunales.

La historia cuenta que festividad tiene sus orígenes en la época del Chile colonial en el siglo XVIII, donde se hacía anualmente una celebración más modesta a nivel local. Un dato importante es que en 1766, Yumbel quedó oficialmente bajo el patronazgo de San Sebastián.

La imagen del santo fue trasladada en 1663 por dictamen de un juez eclesiástico desde Chillán a la fortificación ubicada en el actual Yumbel, año en que fue refundada bajo el nombre de «Nuestra Señora de Almudena», siendo repoblada tres años más tarde y rebautizada como la localidad de San Carlos de Austria de Yumbel.

Luego de haber sido trasladada en múltiples ocasiones dentro de la localidad, por diferentes motivos, entre los que se cuentan la destrucción del templo debido al terremoto de Concepción de 1835, fue puesta definitivamente en su actual ubicación dentro del santuario en 1859, frente a la plaza de Armas de la ciudad.

Es, sin lugar a dudas, una de las mayores demostraciones de fervor religioso que congrega a quienes profesan la religión católica, todo lo cual se entremezcla también con un florido paisaje ocasionado por el comercio provisorio que funciona los días previos y posteriores a la referida festividad religiosa. Durante estas jornadas, la ciudad de Yumbel es un verdadero maremágnum humano que, dos meses después (el 20 de marzo) se repite de manera idéntica en el denominado “20 Chico”.

La emergencia sanitaria por el covid-19 obligó a que durante dos años no se pudieran llevar a cabo estas celebraciones religiosas. Contingentes de carabineros y de militares se apostaron en las principales carreteras de acceso de Yumbel para frenar cualquier intento de los fieles por arribar a la localidad y, de esta manera, evitar las aglomeraciones que son tan habituales en tiempos de normalidad.

Sin embargo, desde que en octubre se levantaron todas las restricciones, haciendo posible que este 20 de enero se esté trabajando de manera acelerada para asegurar que todo salga a la perfección.

Pero, lo más importante de todo, es que quienes profesan la fe católica podrán reencontrase con San Sebastián, en un reflejo de esa tan humana necesidad de Dios que se expresa en estas multitudinarias demostraciones de fe.


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