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Editorial

Ponerse de acuerdo


 Por La Tribuna

Es un lugar común criticar a los políticos por sus desmadres, tropiezos y torpezas. Nos enerva presenciar cómo algunos de ellos se engarzan en conflictos artificiosos y sinsentido, en discusiones bizantinas que no consiguen nada. Hemos sido testigos cómo varios de ellos buscan solo ocupar espacios en los medios de comunicación y las redes sociales apelando a simple pirotecnia, a frases hechas y manidas, a anuncios grandilocuentes pero vacíos.

Incluso, los hemos visto trenzarse en discusiones de tal virulencia que se insultan, se dedican epítetos de grueso calibre y han estado a un paso de irse a las manos. Los ejemplos de las últimas semanas han sido muchos y todos han sido, francamente, torpes, vulgares y vergonzosos.

La gran mayoría de las veces pareciera que esa fuera la forma de “hacer política” o, al menos, es la señal que se le entrega a la ciudadanía que – hay que decirlo – está cansada de los espectáculos de esa naturaleza. Es cierto que la polémica atrae, genera atención y concita opinión pero el umbral de lo que debiera ser una discusión genuina sobre un tema de interés nacional, ahora se ha rebajado a un nivel de bajeza tal que llega a ser preocupante.

Hay que hacer un punto, eso sí. Este tipo de situaciones no es patrimonio exclusivo de los políticos de este tiempo. Con alzas y bajas, siempre ha sucedido, solo que ahora – debido al efecto multiplicador de una sociedad globalizada – se divulgan a la velocidad de un rayo.

Por eso, el acuerdo político para empujar un nuevo proceso constituyente, que fue refrendado en el Congreso Nacional, debe aplaudirse. Porque, justamente, es la representación de lo que debe ser la política: un espacio para el confronte de ideas y propuestas, fruto de lo cual se puede condensar lo mejor de los mundos a partir de consensos, de los distintos puntos de acuerdo.

En esencia, lo sucedido es también lo que significa esta actividad, que es el arte de negociar para llegar a los necesarios entendimientos que necesita el país (que es urgente en tiempos de excesiva polarización).

Llegar a un acuerdo en una materia tan trascendental como la elaboración de una nueva carta magna no era nada de fácil. Cada quien tuvo que ceder, no fue un traje a la medida de un sector determinado, sino que debieron confluir los distintos intereses y motivaciones para acordar el marco dentro del cual se construirá la nueva propuesta constituyente.

Desde la UDI hasta el PC suscribieron el acuerdo y lo refrendaron en la discusión legislativa. Honraron la palabra cuando en la campaña para el plebiscito de salida aseguraron que si triunfaba la opción rechazo, estaban abiertos a darle continuidad al proceso constituyente.

En definitiva, hicieron lo que se le pide a la política: que sean capaces de ponerse de acuerdo. Ni más ni menos, solo que se pongan de acuerdo, por el bien del país.


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