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Editorial

Normalidad


 Por La Tribuna

Fue el 1 de octubre de 2022 cuando se produjo un hito importante en nuestra cotidianeidad: después de dos años y medio de iniciada la pandemia por covid-19 en suelo chileno (con el primer contagiado detectado oficialmente el 3 de marzo de 2020), se levantaron las medidas que limitaban los desplazamientos y las reuniones. Desde esa fecha no se hizo exigible el uso de los pases de movilidad (que estaban supeditados al cumplimiento de las vacunas) ni hubo restricciones a los aforos en espacios públicos y cerrados.

Quizás la más cercana a cada uno de nosotros fue aquella referida al el uso de mascarillas, que durante 30 meses fue una parte esencial de nuestra indumentaria. Desde el 1 de octubre, su utilización fue voluntaria y solo se hace exigible cuando se acude a algún recinto de salud.

A contar de esa fecha, en el territorio nacional se retornó a una condición de relativa normalidad, es decir, las actividades se volvieron a realizar a como se llevaban a cabo antes que se desatara la emergencia sanitaria originada en la lejana China.

En buena medida, el referido retorno a la normalidad fue consecuencia de la eficiente campaña de vacunación que consiguió que más del 90% de la población tuviera su esquema completo de inoculación, incluso en un porcentaje importante con dosis de refuerzo. Es que nuestro país fue uno de los que consiguió mayores niveles de vacunación a nivel mundial, con lo cual se tiene mayor seguridad que los futuros contagiados por el coronavirus no tendrán consecuencias severas.

Sin duda que lo ocurrido desde aquel 1 de octubre marca un punto de inflexión respecto de cómo ha evolucionado esta emergencia sanitaria en nuestro país, de la cual había que remontarse a más de un siglo para tener un punto de referencia, como lo fue la denominada Gripe Española.

Aunque en las primeras semanas de levantadas las restricciones hubo un incremento de contagios, los datos del Ministerio de Salud revelan que las cifras de enfermos por covid-19 en el país tienden sostenidamente a la baja. Lo más positivo es que el número de pacientes que tienen manifestaciones graves y que deben requerir tratamiento invasivo (como un ventilador mecánico) ha bajado de manera importante.

La enfermedad por casi tres años tuvo de cabeza a las autoridades, a los expertos en salud y especialmente a la comunidad (que debió sufrir el rigor de las medidas de confinamiento), con perjudiciales consecuencias en la economía mundial que aún se están percibiendo y cuyos ecos continuarán percibiéndose por mucho tiempo más.

Sin embargo, este retorno a la normalidad no debe hacernos olvidar que la pandemia no ha concluido, que sigue completamente vigente. Aunque los contagios diarios en el país son bajos y sus consecuencias severas se han reducido de manera sustantiva, el virus sigue dando vueltas. La aparición de nuevas variantes en China abre una cuota importante de incertidumbre respecto de cómo puede repercutir en los demás países.

La enfermedad no se ha ido. Deberemos lidiar con ella, quizás como sucede con otras afecciones conocidas, como la influenza, que obliga a realizar campañas anuales de vacunación. Sin embargo, en la medida que continuemos escuchando las recomendaciones de la autoridad y sigamos cumpliendo con el plan de vacunación, podemos decir que esa normalidad se puede sostener.


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