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Editorial

Robo de madera


 Por La Tribuna

Los datos de la Corporación Chilena de la Madera (Corma) hablan por sí solos. Durante 2021 fueron robados 1,5 millones de metros cúbicos de madera en la Macrozona Sur, que abarca a las provincias de Arauco y Biobío (Región del Biobío) y Malleco y Cautín (Región de la Araucanía). Explicado de manera más didáctica, esta cifra representa la friolera de 50 mil camiones cargados. Eso significa que, a diario, circulan 136 máquinas con madera sustraída en algún lugar de la zona de conflicto.

El avalúo de lo sustraído alcanza la suma de 93 millones de dólares, es decir, alrededor de 80 mil millones de pesos.

Una cifra realmente impresionante que sirve para explicar, en parte, los permanentes episodios de violencia descontrolada que se viven prácticamente a diario en esa zona.

Es que bajo el paraguas de supuestas acciones reivindicativas, se escuda una verdadera mafia que mueve cientos de millones de pesos y que no trepida en infundir el mayor terror posible para operar en el territorio en la más completa impunidad.

Porque la utilización de la violencia es, en lo fundamental, una manera de tomar control sobre una zona para que bandas de alto nivel de preparación, exploten los bosques de manera industrial, incluso hasta por años. Es más, utilizan la tecnología más moderna en equipos para cosechar, trozar, cargar y transportar la madera robada, todo acompañado de sofisticados sistemas de comunicación para tener seguridad, generalmente con guardias armados, y desplazarse por las carreteras y caminos. Insistimos: son más de 130 camiones diarios que salen de bosques con madera robada.

La cadena no termina ahí porque después, la madera se almacena en canchas de acopio y mediante documentos falsos, es blanqueada para ingresar de manera legal al mercado.

Esa cadena delictual es conocida. Ya ha sido descrita por especialistas y organizaciones que saben exactamente la manera de operar de estas bandas delictuales. Sin embargo, llama la atención que aunque la situación se conoce hace mucho tiempo, no se haya actuado en consecuencia.

A modo general, es fundamental que se avance en la trazabilidad de la madera para conocer exactamente su origen y descartar cualquier situación anómala o ilegal, tanto desde su corte en el predio hasta su arribo a una planta o puerto para exportación.

También es fundamental que se entreguen más recursos y capacidades técnicas, son solo a Carabineros e Investigaciones, sino que a organismos como el Servicio de Impuestos Internos (SII) para fiscalizar en ruta. Las empresas deben poner de su parte, facilitando al máximo la realización de acciones de búsqueda y detección de productos de origen ilegal, ya sea fortaleciendo procesos de control y de entrega de información a la autoridad.

Hace algunas décadas se implementaron programas intensivos de trazabilidad en el rubro pecuario que permitieron no solo mejorar la sanidad del ganado, sino que también fueron fundamentales para frenar el negocio ilícito de la venta de ganado robado. El abigeato ahora se ha reducido a niveles mínimos gracias a ese tipo de acciones.

Solo a través de la voluntad decidida de las autoridades para detectar y capturar a estas bandas delictuales, se frenará un delito que explica, en buena medida, el fenómeno de violencia que tiene subyugada a los habitantes de la Macrozona Sur.


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