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Editorial / Delincuencia

El operativo policial no debe ser la excepción. Muy por el contrario, debe ser la norma para tener a raya a los grupos de delincuentes que se confían en la inacción de los organismos públicos para imponer sus términos, a costa del miedo y la violencia.


 Por Juvenal Rivera

eme muerto atentado
Según información preliminar de la policía, individuos que portaban armas de fuego seguían a una camioneta a la cual disparaban.

A mediados de abril pasado, la Policía de Investigaciones llevó a cabo un impresionante operativo que culminó con la detención de más de 15 sospechosos de integrar una de las más peligrosas bandas delictuales que operaban en Los Ángeles, dedicada principalmente al tráfico de drogas y sindicada como responsable de perpetrar una serie de asesinatos en los últimos dos años que remecieron a la capital provincial.

Uno de esos homicidios fue perpetrado a la salida de un céntrico edificio y costó la vida de una persona, que fue baleada por la espalda. Aquel incidente fue uno de varios similares que tuvieron como escenario a distintos sectores de la ciudad y cuyo momento más álgido ocurrió a fines de marzo cuando un joven asesinado a balazos en la laguna Esmeralda, desencadenó un frenesí delictual sin precedentes en la ciudad, con tiroteos, heridos por balas locas, casas incendiadas y una violencia que parecía no tener atajo.

Sin embargo, los allanamientos y las detenciones de integrantes una de las dos bandas implicadas en esta guerra no declarada, que incluyó la captura de su cabecilla, trajeron consigo la recuperación – en parte – de esa necesaria sensación de tranquilidad que caracteriza a nuestra capital provincial y que observaba desde lejos lo que acontecía en otras ciudades del país.

Sin duda que se trató de una acción policial exitosa en la medida que no solo se desbarató a muy peligrosa una banda de narcotraficantes, sino porque también significó un freno a la referida escala de violencia cuya principal y más peligrosa característica era el uso indiscriminado de armas con alto poder de fuego.

Sin embargo, tal cual como lo advertimos cuando se realizó el mega-operativo de mediados de abril, el peor error es fiarse y creer que con lo realizado ya está superado el problema de la delincuencia relacionada con el narcotráfico y el uso de armas de fuego.

Solo el pasado fin de semana hubo dos incidentes, uno de los cuales dejó a una persona baleada que se debate entre la vida y la muerte. También hubo un altercado a disparos en la saluda de un local de entretención nocturna que dejó a una mujer herida de un disparo en la pierna.

La criminalidad ha tomado nuevas formas en los últimos años, especialmente por el uso de una violencia desmedida, asociada al empleo de armas de alto poder de fuego en bandas criminales relacionadas generalmente al narcotráfico que se fortalecieron en los tiempos de pandemia. Además, lo que parecía un problema circunscrito a las ciudades del norte y a la Región Metropolitana, se ha expandido sin control por nuestra geografía nacional.

El operativo policial no debe ser la excepción. Muy por el contrario, debe ser la norma para tener a raya a los grupos de delincuentes que se confían en la inacción de los organismos públicos para imponer sus términos, a costa del miedo y la violencia.

Hay que estar muy atentos para, en definitiva, no entrar a normalizar el actuar violento de bandas criminales a las que se les debe aplicar el máximo rigor de la ley.


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