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Editorial

Alzas

En un escenario actual así de complejo, se requiere de la experiencia y el buen criterio para superar los periodos de mar convulso hasta esperar que pase la tormenta.


 Por La Tribuna

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Era previsible. El fuerte incremento en los precios de los combustibles en los mercados internacionales ha disparado los valores en el mercado interno hasta niveles nunca antes visto. Pese a que el Mecanismo de Estabilización de los Precios de los Combustibles (MEPCO) recibió una millonaria inyección de recursos para sobrellevar la escalada de precios hasta fin de año, el alza del dólar estaba fuera de todo margen y obligó a que el aumento semanal, que venía siendo de 12 pesos por litro, el jueves último se incrementara en 20 pesos en algunos combustibles.

¿Sus efectos? Con más de 40 semanas de incrementos de precios, su mayor consecuencia es el encarecimiento de los costos de fletes y del transporte público. En este último caso, los empresarios del rubro en la comuna de Los Angeles – especialmente los colectiveros y no se descartan los taxibuseros – afirmaron que valor de los pasajes debiera incrementarse en las próximas semanas.

Se trata de una de las manifestaciones del complejo escenario económico en el país que se replica también en otras latitudes del planeta, empujado por las consecuencias de la pandemia y los temores cada vez más fundados de una recesión a escala mundial en los próximos meses.

Porque no se trata solo de los combustibles que, aunque suene de Perogrullo, es lo que mueve a las economías en el mundo. También se expresa en una inflación galopante (más de 12% acumulado en los últimos 12 meses) que se expresa en un encarecimiento del costo de la vida.

La situación afecta con mayor dureza a las familias más pobres, cuyos bajos niveles de ingresos le hace muy difícil, acaso imposible, poder sobrellevar las alzas en los productos y servicios, especialmente de los más sensibles, como los alimentos.

Por eso, no extraña que en la jornada de este lunes, el Ejecutivo anunciara la implementación de un paquete de ayudas para sobrellevar estos meses, especialmente por la socorrida vía de entregar bonos (120 mil pesos a más de 7,5 millones de personas) o la extensión del IFE laboral, entre otras acciones en el corto plazo.

No es la primera vez que nuestro país se enfrenta a un fenómeno de esa naturaleza. Los vaivenes de la economía son parte de la normalidad. La Crisis del ‘29 afectó al país de manera brutal, agravado por el declive de las exportaciones salitreras. Lo mismo aconteció en los años ’80 con la depreciación de la moneda chilena y tasa de desocupación por sobre el 25%. En menor escala fue el Efecto Tequila (1995), la Crisis Asiática (1998) o la crisis Subprime (2008), todas ocurridas en los últimos 30 años.

En un escenario actual así de complejo, se requiere de la experiencia y el buen criterio para superar los periodos de mar convulso hasta esperar que pase la tormenta. Es necesario que las autoridades económicas estén, por una parte, entregando alivios a los sectores más comprometidos, así como aportando señales de manejar este barco con especial atención y cuidado para capear este tiempo de crisis.


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