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Editorial

Ómicron


 Por Juvenal Rivera

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La sola mención de esa letra del alfabeto griego es sinónimo de preocupación a nivel mundial. Es que la denominación que se le otorgó a una de las variantes del Covid-19 es responsable de una nueva ola de contagios de la enfermedad que mantiene en vilo al planeta hace más de dos años (los primeros casos se registraron en el invierno de China).

Los especialistas han asegurado que se trata de la afección de muy elevada transmisibilidad, la mayor que se haya registrado antes para enfermedad alguna a lo largo de la historia.

La variante ómicron surgió a fines de noviembre y arrasó Sudáfrica a un ritmo nunca antes visto en la pandemia. Lo mismo en Europa, Estados Unidos y en Sudamérica. Los primeros casos reportados en Chile fueron hace poco más de un mes y ahora se estima que el 80% de los contagios es ocasionado por esta cepa, lo que ha ido de la mano del explosivo aumento de casos.

Aunque el surgimiento de esta variante ha alejado una vez más el término de la pandemia, los expertos han considerado como positivo que el ómicron es más inofensivo en comparación con las variantes anteriores. Sin embargo, esa sensación de menor letalidad ha sido causante que las personas se relajen y que no tengan la misma actitud de autocuidado para la prevención de los contagios.

Pero algunos dentro de la comunidad científica son cautelosamente optimistas de que ómicron podría ser el último acto de la pandemia, brindando a grandes franjas del mundo “una capa de inmunidad” y acercándonos a una etapa endémica cuando el covid-19 es comparable a las enfermedades estacionales, como el resfriado o la gripe.

El covid-19 evolucionó con gran imprevisibilidad, y la variante que reemplazó a delta podría haber sido responsable de las saturaciones de hospitales con pacientes necesitando tratamiento de urgencia para superar la afección. Al cabo, la cepa dominante que está arrasando con las poblaciones con facilidad, no causa el mismo grado de hospitalizaciones, enfermedades graves y muertes que provocaron las variantes anteriores.

Como país, debemos agradecer que estamos en mucho mejor pie que buena parte de las naciones vecinas. Un factor fundamental ha sido la vacunación con más de 90% de la población con su esquema de inoculación completo y con primera y segunda dosis de refuerzo ya en proceso.

Los expertos advierten que puede haber contratiempos en el camino: así como la composición de ómicron fue inesperada, la próxima variante podría presentar un riesgo más grave para la salud pública y retrasar el final de la pandemia.

Por lo mismo, aunque suene majadero, las medidas de cuidado personal, particularmente en lo referido al uso adecuado de la mascarilla, en mantener la distancia física y en evitar las aglomeraciones de personas son fundamentales para contener esta nueva ola de contagios.

Aunque estamos en una mejor posición que hace un año cuando recién se iniciaba el proceso de vacunación, no debemos descuidarnos bajo ningún punto de vista. Bajar la guardia en esos momentos es abrir la puerta para una enfermedad que puede provocar la muerte.

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